Jueves 8 de noviembre de 2001

José Larralde: El folklore de la indignación
Por Germán Arrascaeta
Diario La Voz del Interior

Mañana Jueves 8 de noviembre de 2001, en el Teatro Comedia (Rivadavia 254) y desde las 22, el cantor José Larralde presentará A las 11 - 1/4, su último disco.

A la fecha, no había hablado con la prensa del interior sobre esta obra publicada hace dos años.

De todos modos, en el inicio de la entrevista pactada con La Voz del Interior, elude cualquier guiño promocional anticipándose a la formulación de la primer pregunta y lanzando un lamento por las inundaciones. “Son millones de hectáreas bajo el agua, es una guasada. Se ha perdido las cosechas, hay tipos que se están suicidando”, dice el “decidor” y la redundancia vale por sí misma.

Y sigue monologueando sin patrón y apocalíptico: “El peor error que cometen los gobiernos –agrega–, es pensar que la república Argentina es Buenos Aires. Ese es el drama. Y lo que más bronca me da es que la que llega al poder es gente del interior. Llegan a Buenos Aires y no sé qué les pasa. Creen que están en el umbligo (sic) del mundo, y el umbligo es el campo. Podemos manufacturar muchas cosas para exportar, pero en lugar de darle un ayuda a la gente que tiene el potencial, no, se les remata los campos, los bancos aprovechan. ¿Y quiénes se quedan con los campos? Los que tienen mucha guita. No hay quien revierta esto. No entiendo”.

–¿Alguna vez lo entendió?

–Antes pensaba de que se habían equivocado, como en la época de (Raúl) Alfonsín que tuvo una hiperinflación (ayudaron a que la tenga) y uno pensaba que los despelotes eran pasajeros porque, al fin de cuentas, se sabía que el despertar a la democracia no iba a ser tan fácil. Después llegó Carlitos (por Menem), vendió el país y nadie sabe dónde está la guita. ¡Resulta que el honor de los argentino es tener a un ex presidente preso! Está jodido por todos lados. ¿Qué le puedo decir a mis hijos? Si quiero evitar que se vayan afuera, me pueden decir con todo derecho “mirá el país que me dejaste”.

– “A las 11 - 1/4” es consecuente con su obra por ser un disco áspero, nada concesivo. Pero queda la impresión que en él usted habla más de sí mismo. ¿Es así?

–En realidad, siempre escribo para mí. Después si lo mío se difunde y llega a otro tipo, macanudo, somos dos los que pensamos igual. Yo no puedo escribir desde el lugar de otro. Lo mío es muy personal, muy de las tripas. Tenés que estar con los faroles encendidos siempre. Entonces, siempre es íntimo lo de uno. Siempre lo fue.

Acerca de la nostalgia

Pasan los años y las tendencias y a Larralde lo sigue inquietando una sola forma de hacer las cosas: agarrar su guitarra, deslizar verdades y arrimar angustias propias y ajenas; todo, con voz firme pero sin levantar.

Aunque esa metodología el folklore hegemónico la toma como precaria, José Larralde no se ubica del lado de los nostálgicos. Asegura que su arte puede remitir al pasado por su construcción pero no por lo que dice.

“Una cosa es tener recuerdos y escribir en base a ellos, porque eso me permite saber dónde estoy parado y saber quién soy, y otra es ser nostálgico. Por supuesto que tengo nostalgia. Estoy tomando mate en casa y me acuerdo del arroyito, de mi viejo. Pero no vivo de la nostalgia ni pensando que otros tiempos fueron mejores. Siempre hubieron tiempos jodidos, pero éste es especialmente jodido”, sostiene.

Así es José Larralde en situación de entrevista. Una respuesta sobre un tema “x”, ineludiblemente desemboca en un estuario de bronca. La respuesta anterior, llegó al siguiente remate: “Una deuda de 150 mil millones no se paga nunca. Salvo que venga Copperfield o Jesús. Es que el gobierno primero se preocupa porque los números estén bien y después piensan en la gente. ¡¡¡Pero si este país es su gente!!!”

“Lo digo en el escenario, a veces, le he perdido la fe a los políticos y a los que no son políticos también. Cada vez que jura un ministro, el tipo se convierte en un chanta porque lo hace ante Dios y los santos Evangelios sabiendo que está mintiendo. Sabe que todo lo que dice es mentira. Se limpian la cola con la Constitución. El artículo 14 no se cumple. Y no me diga que esto es un desacato”, añade.

–A propósito de “desacato” hace unos días tipificaron como delito a una expresión de un dirigente de la Epec que dijo que iba a quemar la empresa antes de que la vendan a manos privadas.

–¿Apología del delito le ponen? Pero si el tipo recurrió a una metáfora. Las autoridades entienden lo que les conviene. Lo dijo como argentino, no está mal. Se supone que no va a quemar la fábrica.

Monólogo de la cocina

–Cambiando de tema, ¿va a estar en los festivales?

–En Cosquín seguramente no voy a estar. No me interesa porque mi trabajo es otro. Los festivales son para que la gente se divierta, la pase bien, revoleé el poncho, tome gaseosa, qué se yo. Lo mío es para un lugar cerrado, donde pueda decir con la luz prendida. Me gusta verle la cara al público. Si vale la paradoja, lo mío es un monólogo compartido. Es una cocina grande donde se juntan los amigos, los parientes y los vecinos. Un espacio en el que cada uno saca su conclusión. Lo mío no es show, ni concierto, ni un espectacular. Es sólo una guitarreada, donde un tipo dice cosas con las que se puede estar, o no, de acuerdo.

Desocupado por opción

–En las “11 - 1/4” está la canción “El alpedero, su mujer y alpedito”. ¿A qué refiere esa historia?

–Es un personaje común. En mi caso, hasta los temas que pretenden ser alegres tienen un dejo de tristeza. Cuando el al pedero se muere, la mujer llora su ausencia. El alpedero no tiene trabajo, pero aunque haya laburo está al pedo. Es parte del paisaje. Lo más lejos que llegó en la vida es a la vereda. El alpedero son de esos tipos que están tomando mate con la silla al revés para no cansarse. Y en alpargatas rotosas. Estos tipos siempre se consiguen unas minas que los banquen. Y lo más lindo es que la mina los quiere. Y uno que hace todo en la casa lo tienen zumbando (risas).

–¿Y ahora? ¿Está componiendo? ¿Sobre qué?

–Sí, estoy componiendo. Y sobre lo que me sale, hermano. Lo digo en las A las 11 - 1/4. Hay veces que das vueltas seis meses con el lápiz y no pasa nada porque el angelito no aparece. Y yo lo único que hago es escribir lo que dicta el angelito.

 

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