Su Vida, Su Obra, Su Música



Siempre la misma Milonga - Revista VIVA


Fue peon golondrina y se convirtio en el cronista emblematico de las penas del hombre de campo. Hoy es la reseva del canto surero. Y una voz implacable

Afuera, bajo el sol de siesta de enero que abrasa Constitución, se achicharra mansamente una caravana de colectivos y camiones.
Adentro, entre las paredes de un dos ambientes, en la vividez de un relato que apenas interrumpe el turno del mate, un tordillo corcovea, arden incendios rurales, el pampero arrebata un chambergo, rezonga una verdulera y la peonada le entra al caracú. José Larralde trae estos recuerdos a pedido, desde su infancia en Huanguelén. En su pasado de peón, diestro en todos los oficios rurales ("salvo ordeñar, a pesar de ser hijo de tambero y vasco"), está la esencia de su arte milonguero.

"Yo canto sobre las cosas que viví", suele ser la breve explicación a su apego al universo temático del campo y a la milonga del sur, una especie arcaica e imperecedera de crónica gaucha en la que decidió permanecer, contando cómo es la vida del lado menos bonito. "Por ahí me preguntan: ¿cuánto hace que estás en esto? En este momento respondo: hace sesenta años. Porque el primer trabajo que hice fue a los seis: ir a buscar el caballo de reparto del almacenero de la esquina de mi casa.

El caballo se me mataba de risa, me hacía espinar bien, hasta que le tiraba la soguita por el cogote y ahí me pegaba la estancada: me dejaba parado con la soguita en la mano y se corría para atrás. Se me reía el matungo, parecía Mister Ed. Cuando se aburría de que yo me mojara entre los cardos, recién ahí venía. Yo hacía cinco cuadras con el caballo así (no podía subir porque era muy chiquito) y me daban veinte guitas. Con veinte guitas de níquel en aquel tiempo te comprabas medio kilo de fideos y una pata entera de caracú. Eso comían los pobres antes. Ahora anda a comprarte una."

En épocas de Onganía, llevaba encima un Permiso de portación de barba firmado por un comisario de Lanús: "El ciudadano José Larralde es artista. Puede usar barba y pelo largo". A esta altura, lleva la espesa barba -esa que siempre hizo honor a la imaginería gauchesca- completamente blanca. Dejó el cigarrillo y le da batalla diaria al coleste-rol con una dieta que redobla en austeridad las prescripciones médicas. Con tres divorcios a cuestas, vive solo en un departamento estrecho ("Cuando entro, tengo que dejar la sombra afuera"), con una foto de Aníbal Troilo sobre la pared del comedor y un afiche de Charly García modelo Influencia pegado contra una puerta. La misma puerta en la que se exponen los dibujos que le dedica su hijo menor, de ocho años.

Este es el austero refugio de quien da la impresión de estar habituado a un destino solitario y parece ajeno a las rutinas. "Por ahí a las dos de la mañana me levanto y me pongo a tomar mate, miro televisión, hasta que me aburro y agarro la viola, o me pongo a escribir. Me hago la comida, me lavo las pilchas. Y como no soy demasiado apegado a la esperanza, porque creo que esperar es como bajar los brazos, entonces me pongo pequeñas metas. Por eso cuando me preguntan por mi mejor obra, digo que todavía no la escribí, y yo sé que son macanas."

En plena temporada de festivales de folclore usted, que se consagró en Cosquín, está en Buenos Aires. ¿Nunca pensó en revisar su renuencia a ese tipo de escenarios?

No, yo festivales, no. No tengo nada que hacer en un festival. He ido alguna vez, pero lo que hago yo es más íntimo. En un lugar cerrado puede haber mil tipos, dos mil, cinco mil... pero es distinto que un lugar donde se toma, donde el norteño no le da pelota al del sur, y el del sur no le da bola al otro. A los festivales la gente va a divertirse, a ver a (El Cha-queño) Palavecino. Como a Los Chalchaleros, corrió a Horacio (Guarany). Ellos levantan al público. Suponete que yo tenga que subir después de Los Manseros o de Palavecino: ¿qué hago yo sólito con una viola ahí? Muy pocos solistas actúan en un festival, porque es duro hacerlo, y lo digo porque lo he comprobado muchas veces con el mismo Atahual-pa o con Falú. La gente no da bola porque va a otra cosa. Uno ve esas cosas y dice no, porque se bastardea lo que uno hace. Hay trescientos festivales en el año: con un diez por ciento, vivís. Pero yo no me puedo dar el lujo de tirar todo por un festival. Pero sigue recorriendo las provincias, actuando en salas, ¿verdad? Sí, hacemos lo que podemos, pero no es que ganemos plata: hoy tenemos que andar mucho para ir puchereando. Soy un subocu-pado. No tengo trabajo. Es decir, si quiero trabajar gratis o por dos mangos, tengo. Pero yo toda la vida canté en contra de la explotación, y no voy a ser el primer explotado. Siempre digo: mi hambre es mío, no juegues con mi hambre.

Usted opina sobre la realidad social en el escenario. ¿Cómo procesa el hecho de convertirse para el público en un referente social e intelectual, más allá de un cantor?

Que la gente lo tome así no quiere decir que yo lo sea ni pretenda serlo. Te lo sintetizo: yo pago mis impuestos y voto, no me rajo para no votar, me joden siempre, ¿viste?, pero voto. Eso me da derecho a opinar, y a enojarme también. Yo soy el Estado, a un gobierno nosotros lo ponemos para que nos administre, ni pa que nos robe ni pa que nos tenga cagando. Entonces uno tiene todo el derecho de opinar. Sobre todo cuando a uno lo ampara la verdad, la verdad de muchos, no la de uno solo. "La única verdad es la realidad", dijeron los muchachos peronistas que dijo Perón... aunque había un viejo que se llamaba Aristóteles que ya lo había dicho unos cuantos días antes.

Nacido hace sesenta y seis años en Huanguelén, al sur de la provincia de Buenos Aires, José recibió su primera guitarra a los once años. Hizo "sexto grado con toda la furia". Comenzó a cantar y guitarrear en las pausas de sus trabajos en el campo. Es mecánico soldador. La primera vez que pisó el edificio de la RCA Víctor, no fue como la joven revelación que Jorge Cafrune había llevado al festival de Cosquín, sino para instalar un máquina moledora, tiempo antes. "Yo trabajaba en una fábrica de molinos, y me mandaron a instalar uno en la Víctor. Lo usaban para hacer pelota discos y con eso hacer de nuevo pasta. Para probar la máquina me traían pilas de discos de Corsini, de Gardel, y de Beniamino Gigli y tenía que hacerlos bolsa... me quería morir." Un tiempo después, el anónimo operador volvía a cruzar el umbral, pero entonces como la gran apuesta folclórica del sello.

"Esas cosas que tiene la vida. Yo siempre digo que la vida es como una esquina. Con la diferencia de que en la esquina vos doblas sabiendo qué puede haber: una vieja, un perro, un colectivo, siempre algo hay. En cambio, cada latido de corazón es una esquina que uno dobla sin saber siquiera si habrá otra." Siempre solo con su guitarra, fiel al parecer sentado en su Herencia pa un hijo gaucho ("Si un día le da por cantar/trate de hacerlo sólito"), tan poco afecto a actuar en festivales como a presentarse en teatros porteños céntricos, La-rralde sigue transformando los escenarios en sitios de encuentro Que a veces parecen tribunas sociales y otras, íntimas rondas de mate o fogón, en las que sus historias de campo se materializan. "Claro que lo que hacemos mis colegas o yo es suntuario: cuando a la gente le sobra algún mango, entonces me viene a ver. Distinto es con los que cantan canciones para los muchachos jóvenes, porque los pibes de algún lado rascan siempre: lo laburan al viejo o a la vieja."


Pero en sus recitales, además de su público tradicional, hay una corriente de público joven, mucha remera de Hermética... Sí....
Me siguen mucho los del rock pesado. Un poco de casualidad. Como este muchacho Ricardo Iorio me grabó algunos temas parece que los pibes quisieron conocer al original a ver cómo era. Y son macanudos. Una vez fui a un concierto, como le llaman ellos, ¡ qué rostro! Un concierto de Iorio no sé en qué galpón. Yo nunca había visto eso. El chabón tocaba, y abajo tiraban chicos pa arriba, revoleaban alpargatas, ¡undes-pe-lo-te! Yo me quedé embobado de cómo trabajan los tipos arriba del escenario. Monstruos son los tipos. La verdad es que son buenísimos, tenes que verlo: cómo entre tres tipos son capaces de tanto. También vi una vez a Tocios Tus Muertos: impresionante.

En sus propias actuaciones, admite Larralde, es capaz de interrumpir una canción por la mitad cuando algún enfervorizado decide expresar ruidosamente su adhesión -lo cual sucede con llamativa frecuencia-. "Por ejemplo, siempre hay alguno que se para a opinar, cree que me está ayudando. Y otros que piensan que porque lo mío es música de acá, que le llaman folclore (no sé por qué le llaman folclore, es milonga), eso les da derecho a ser chabacanos. El hecho de que yo diga malas palabras no tiene nada que ver. Yo no las saco del bolsillo las malas palabras. Las meto donde no hay otra, trato de ser lo menos hipócrita posible. Pero algunos por ahí no lo entienden. Pasa de tanto en tanto. A veces me divierte. Mis compañeros por ahí me dicen: Vaaamos... a ése lo mandaste vos pa pelearte con alguno ."

Otras cosas fuleras

En la amarga poética de Larralde, hasta las canciones de amor tienen, al cabo, la señal que permitiría incluirlas bajo el rótulo de canción social.
Si dice "te quiero" (como en Alas once menos cuarto) lo hace sentado "en esta mesa rota/destartalada y vieja/¡Pensándolo mejor... hecha pelota!/que cuando afirmo los codos se me queja".
Y si se encamina a declarar su amor en una serenata (como el gaucho de Mejor me voy), se detiene dudando en el momento de llegar junto a la ventana de su amada: "... Si solo tengo el verso /por fortuna./Tal vez ni llegue a saber/que cuasi le canté./Mejor me voy".

"Es que eso ya está en uno -explica-. Hago lo que me sale, por ahí me pongo a escribir un tema
romántico y termino hablando del hambre. Pero tiene que ver, porque una casa termina siendo feliz si se come, si se está sano, si se puede estudiar. Si no, empiezan los grandes problemas y entonces ¿cómo hacer una canción de amor? Por supuesto que dentro de todo hay amor, porque todo lo que es rebeldía es amor."

Los caminos de Larralde se apartan sistemáticamente del recorrido turístico: "Donde voy, yo siempre miro lo más feo. No las cosas lindas. Iglesias hay en todos lados, municipalidad hay en todos lados, la plaza es lo más lindo del pueblo. Siempre es igual. Pero, metete ande están los ranchos. Conocer no es pasar por ahí, ver el paisaje. Fíjate los políticos: cuando van a hacer un discurso, les pintan todos los poste-citos de blanco y se forman todas las autoridades en la calle. Pero el señor ése no dice: Che, para, esto está muy lindo, lo veo en todos lados. Vamos a entrar cinco cuadras para allá a ver qué hay . Ninguno."

Como cantor de temas sociales, usted sufrió prohibiciones, cargó rótulos, incluso contradictorios.
Por eso: vos hablas, acá, y te cuelgan todos los istas. Me acuerdo cuando Perón estaba prohibido, decían que yo era peronista.
Cuando Perón pudo entrar, yo era comunista. Después éramos anarquistas, después desestabüi-zadores, ahora contestatarios y no sé cuántas cosas más. Nadie dice que vos sos un tipo que anda y se mete donde la gente se caga de hambre, y vos decís un uno por ciento de la realidad, porque no lo podes poner todo. Entonces, claro, "este tipo es zurdo."

También lo señalaron como nacionalista extremo.
También. Eso lo hace el mediocre, el que no tiene cómo refutarte. Del mismo modo lo rotularon a Martín Fierro. Hoy sería comunista. Antes era mal entretenido.

Texto Irene Amuchastegui
Revista Viva 25 de Enero de 2004




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Nota radial a Jose Larralde en Cadena 3


Imperdible !!
Nota realizada a Jose Larralde en Cadena 3 de Cordoba
por Luis Beresovsky
Podra escuchar sus reflecciones sobre la vida y
el hombre


Duracion de la misma 17 minutos

Haciendo Click AQUI
podrá escucharla




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Larralde En Bahia Blanca






Actual afiche Promocional de
Larralde



















Pablo y José en el camarín.



Don José nos estampó
su firma !




La charla se extendía pero la noche
nos avisaba que José
tenia que descansar..
.

Un adiós que solo es hasta pronto.



22hs Asi arrancaba a pura milonga...




Colmada la sala se llenaría
de aplausos.




Hacemos contacto con José...

y nos lanza su primer frase
¿y vó quien sos?





bue...sacá tranquilo,
y asi se fueron sumando
las camaritas de fotos.



yo..me acomodé y disfrute
de un
espectáculo único !







Luego el pingazo de Don
Taboada

nos dejo charlar con un José muy distendido





Tardá en sacar...pibe

(posando junto a la china Emilia)




A los amigos de la Web...

Comenzaba su autógrafo.







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Con el Don Bosco a pleno


Larralde... marca registrada

Con su fuerte personalidad y la costumbre de decir lo que siente y cómo lo siente, José Larralde volvió a visitar la ciudad. El artista de Huanguelén retomó contacto con un público muy fiel a su propuesta, que colmo el Teatro Don Bosco.

La patriarcal figura de siempre, mano derecha en alto, leve inclinación del cuerpo y todo listo (otra vez) para la comunicación con "su" público. Con ese público que denuncia fidelidad integral para con el estilo, forma y método del Pampa.

Así comenzó el espectáculo de José Larralde el sábado por la noche, en un Teatro Don Bosco desbordante de gente, la que con la sala a luces encendidas fue madurando reacciones mientras el barbado cantor, luego de leves señas a los sonidistas, elevaba melodías y la gravedad de su voz con la conocida Un día me fui del pago.

"Lo mío no es show, ni recital, ni festival y menos aún concierto. Se trata de una simple guitarreada (título del espectáculo), como se hacía en las viejas cocinas de campo", señalaba el artista vecino.
Después, el despliegue de su conocida planificación. Largos monólogos con abundancia de explicaciones sobre tareas de hombres de pueblo, la dificultad social para subsistir como peón, ayudante o simple cazador de nutrias, y particularidades de personajes que alguna vez fueron inspiración para sus obras.

Tal el caso del Tamayo (Raúl Quiroga), un habitante de Huanguelén que solía conversar con José cuando éste visitaba a su madre. Entonces --con mucha sutileza--, el Tamayo lo venía a saludar y de paso le pedía tabaco. Contaba Larralde que de ese hombre rescató una frase comparable a las reflexiones de grandes filósofos: "pa qué juntar patacones si el saco tiene un aujero".

El monólogo del Pampa no fue desconocido. Su versatilidad descriptiva se apoya en un léxico muy fuerte, amparado en aquello de "al pan pan...". Criticado o no, utiliza la terminología --como él mismo lo apunta-- que se practica en la calle, en el campo o en el andamiaje natural, sin eufemismos.
Por otra parte, el público (con gran porcentaje de la zona), lo viene a ver sabiendo lo que va a escuchar. Es más, si no tuviera esa respuesta del artista, casi se sentiría defraudado.

Porque su metodología simple, frontal y áspera, no es nueva. Desde su rol orillero, cuando "en los boliches tiraba la manga para calmar el rezongo del triperío", Larralde recurrió a esa elección. La doble alternativa que se plantea con la gente que responde a sus convocatorias es clara: lo toma o lo deja (realmente el Don Bosco siempre está a pleno en sus visitas).

Las espaciadas entregas estrictamente musicales continuaron en su momento con temas como La noche del peludero o Como yo lo siento, y en la despedida José interpretó De hablarle a la soledad . "Si Dios quiere volveremos a encontrarnos en un año más, con la guitarra, cantando, o si no, convertido en el Hermano José", ironizaba previo a su saludo final.

Roberto Oña/Especial para "La Nueva Provincia"





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Jose Larralde Reeditado


Versos de un campo sin transgénicos

El lanzamiento de 24 discos de catálogo abre la puerta a un par de revelaciones.

Por Karina Micheletto - Diario Pagina 12



Extraño fenómeno el de este hombre barbado y de voz grave, al que probablemente le cause gracia que lo califiquen de fenómeno. José Larralde es lo que la industria define como artista de catálogo: sostenido a través de los años, más allá de campañas publicitarias o modas impuestas, por un amplio target de público, difícil de encasillar. Cada disco que saca llega cómodamente al oro, y se sigue vendiendo con los años a ritmo sostenido. Algo que era relativamente posible en los años ‘60 del boom del folklore (como cuando El sentir de José Larralde, que incluía su Herencia pa’ un hijo gaucho, vendió 270 mil copias en la semana de su lanzamiento, en 1968), pero que pocos sostuvieron en el tiempo. Pruebe el lector entrar a una disquería y buscar en las bateas de folklore por la L de Larralde: no encontrará ningún CD suyo en oferta, ni en recopilaciones. Algo que sólo sucede con catálogos como los de The Beatles, pero –salvando todas las distancias que hay que salvar– el hombre lo consiguió en soledad, a fuerza de milongas y guitarra. Ahora, Sony BMG reedita el catálogo completo del artista en la RCA Víctor: 24 CD’s que, escuchados en serie, pueden resultar reveladores.
Luego de que Jorge Cafrune lo presentara en sociedad en el Festival de Cosquín de 1967, en la mítica confitería La Europea (donde todavía se exhiben con orgullo las fotos de aquel encuentro, aunque el cantor no volvió a pasar mucho por el festival), la RCA Víctor no perdió tiempo en reclutar a Larralde. Su primer disco en la compañía, Canta José Larralde, es de ese año, y ya aparecen algunos de los que pasarían a clásicos, como Mi viejo mate galleta. Un acierto de la reedición es la reproducción del arte de tapa y el “Lado A” y “Lado B” de los LP originales. Es que Larralde es para escuchar en disco, aunque el tiempo imponga nuevos formatos. La colección pone de manifiesto, entre otras cosas, que Larralde es el mejor intérprete posible para algunas de las obras de Yupanqui, como Eleuterio Galván, que parece hecha para él, o la Milonga del solitaro.
En el campo cotidiano al que le canta Larralde no hay siembra directa ni transgénicos. Están el mate y la pava, nunca un termo. Es que, aunque Larralde le cantó a otra generación rural que nunca oyó hablar de Monsanto, su mensaje sigue vigente. Porque hay algo que no ha cambiado, y es un orden de cosas donde el patrón sigue siendo patrón, y el peón, sólo dueño de su orgullo. En el mundo de Larralde no hay medias tintas, están los que tienen para comer y los que no, y en esa polaridad abrevan muchos de sus versos: “Hijo pa’ dar el brazo, guacho pa’ recibirlo” (Con mis yuntas de nuncas); “Doblando el lomo pa’ que otros doblen los bienes” (Garzas viajeras). En cada tema hay al menos una máxima, a veces amarga o inflamada, otras tierna, siempre certera.
El poema-canción que tal vez sea su obra cumbre, la Herencia pa’ un hijo gaucho, aparece completado en la recopilación con su segunda parte, la menos difundida, grabada en un único disco, como un recitado en continuado de más de 40 minutos. El poema es un resumen de los núcleos temáticos de Larralde: el hombre que vaga por la pampa, de estancia en estancia, con su guitarra por toda herencia (“Golondrina nos llamaban a los piones de ocasión, golondrina o pobre pión viene a ser la mesma cosa, con quincenas perezosas, una pala y un pisón”); el cantor andariego y decidor (“No importa que alguno piense que me amontono en decir, tan sólo pienso en seguir, no quiero estarme parao, tengo un camino trazao, lo tranquiaré hasta morir”); el paisaje de la pampa (“Hablan de pampa sin eco, cosa que no conocí”), las metáforas más guarras (“No se curan los bichos de las heridas con caliostro aguachiento ‘e vacas paridas”), las picarescas (“no las voy de refaloso porque no nací pescao”), y la denuncia social: “No se entienden razones, por muy sensatas, cuando el frío te yela y andás en patas”).
En el interior, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, Larralde siempre fue una presencia cotidiana. Lo escuchan los que se identifican con los personajes sufridos de sus milongas, pero también los patrones ésos a los que Larralde fustiga en sus versos, aunque en versiones modernizadas, con campera de carpincho, pañuelito al cuello y camioneta nueva en la puerta por gracia de la soja. En la urbe, muchos menores de 30 no lo conocen porque no sale en la TV, pero en el último tiempo a su público natural se sumó una llamativa cantidad de jóvenes de pelo largo y campera de cuero, que lo siguen por los recitales que da en teatros siempre pequeños. Es que el hombre barbado y de voz grave sigue teniendo cosas para decir cuando canta, y eso es cada vez menos frecuente.


Por Karina Micheletto






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El canto eterno de José Larralde


Sección Espectáculos Diario La Nación | fecha de publicación 14.11.1998


Regreso: el folklorista de barba espesa y larga fama brindará hoy, a las 21, un recital en el Astral para presentar su disco "Trayendo ayeres" .


José Larralde es el último bastión del folklore. Un renegado, le dicen algunos. Una leyenda señala la gran mayoría. A esta altura Larralde es una suerte de patriarca. Un decidor que acarrea realidades y las expresa desde esa voz honda, de otro tiempo.
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Un guitarrero que se ha colocado al margen del mercado discográfico y ha transitado en soledad, alimentando un mito, que se corrobora en la buena convocatoria de sus recitales, casi sin publicidad, donde conviven chicos con camperas de cuero y aficionados al folklore.
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Ese hombre que anda a cuestas con su guitarra, su canto sencillo, por los caminos del país llega a la capital. José Larralde se presentará hoy, a las 21, en el teatro Astral, Corrientes 1639.
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En cada uno de sus recitales sus seguidores le rinden una devoción casi litúrgica. Para ellos es el decidor implacable que dice sus verdades desde la resonancia de su guitarra. El músico que pinta su aldea con sus miserias y fugaces alegrías.
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Una eterna milonga
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En todos estos años el músico acumuló más de treinta placas y es el autor, entre otras, de obras emblemáticas del canto sureño como "Herencia para un hijo gaucho". Siempre le ha preocupado reflejar los ritmos de esa región olvidada de La Pampa y más al Sur. Aunque desde hace tiempo vive en Avellaneda.
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Todo eso se completa con una imagen que parece detenida en el tiempo, la barba espesa, su vestimenta sencilla y su verba lunfarda y de campo adentro.
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El cantor nació en Huanguelén, ubicado a 200 kilómetros de Bahía Blanca y esta atado a una suerte de destino orillero. "Mis canciones son de cuneta, son historias que voy encontrando por el camino con gente que vi y otras que viví", suele definirse.
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Paso por todos los oficios antes de ganarse la vida con una guitarra. Fue peón, tractorista, mecánico, albañil, canchero y soldador. Cambió canciones por comida y poco a poco su figura se empezó a agigantar.
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Sus letras de alto contenido social, que se clavaron como un puñal en la conciencia social, fueron censuradas por los militares. Y su voz siempre molestó al ambiente folklórico ortodoxo.
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Larralde es, ante todo, una rara avis dentro del canto criollo.
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Su voz pausada, grave, encendida, se ensambla con esa música que se antoja como una milonga eterna. En todo este tiempo maceró un sonido inconfundible, que parece la banda sonora ideal para pintar un paisaje inequívoco ubicado en un atardecer de mate amargo, debajo de un ombú y paisanos con la mirada perdida en la llanura pampeana. El prefiere dejar el mito a un lado, y sin espacio para la ambigŸedad reitera con firmeza:"No soy un folklorista, ni siquiera me considero un músico o un poeta, sino más bien un escribidor que se acompaña de una guitarra".
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Gabriel Plaza
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Sin Cosquín
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José Larralde hace más de tres décadas que está ausente del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. El año pasado estuvo cerca de volver al festival, pero las negociaciones se frustraron a último momento y el cantor prefirió seguir con su gira por festivales que siempre lo convocan. Para la nueva edición su nombre tampoco fue mencionado.


Larralde, voz gaucha sin tiempo fecha de publicación 17.11.1998
Recital de José Larralde (canto y guitarra). Teatro Astral.
Nuestra opinión: muy bueno.


Una larga cola donde se confunden jóvenes rockeros, militantes añejos del folklore y parejas treintañeras hace más intransitable la avenida Corrientes. Una señora pregunta si ahí están las pulposas vedettes de moda y un aficionado le lanza una mirada lacerante. Un chico que no pasa los veinte deambula por el lugar, luce indeciso, pero finalmente va a la boletería. Dirá que quiere encontrarse de frente con ese guitarrero solitario de verbos encendidos y del que tanto le hablaron sus amigos de Pergamino. Un aquelarre de personajes conviven alrededor de la mística que forjó José Larralde, en estos 30 años, en este nuevo recital que convoca una pequeña multitud. Es raro que el hombre con voz de trueno y estampa de patriarca se presente en pleno centro porteño. Será porque poco y nada tiene que ver el tránsito del sábado por la noche con ese diálogo intimista, esa queja en tiempo de milonga y esas historias de fogón.
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En el teatro hay un silencio respetuoso hasta que el músico hace su entrada y el público estalla en una ovación. Larralde, rodeado por la más absoluta austeridad (un atril y una silla) recurre sólo a lo imprescindible para mostrar su arte sencillo y profundo, y convierte al teatro en un patio de campo.
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Hay una densidad que sobrevuela cada una de las frases que el guitarrero escupe con vehemencia desde el micrófono. Sus verdades suenan a irrefutables tanto en "De los pagos del tiempo", el fragmento de "Herencia pa´un hijo gaucho" o los monólogos que cuela entre tema y tema . Allí se muestra como un agudo observador de la realidad y un buen charlador, como cuando relata la historia de "El Tamayo", uno de sus temas más populares.
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El estilo de Larralde se agranda cuando su guitarra teje bordoneos donde asoma el paisaje sureño en tiempo de cifras, estilos o milongas como "Mi viejo mate galleta". O su voz intensa, que suena con la gravedad de un cantante heavy, se asocia a la épica del loncomeo "Patagonia", uno de los estrenos que lleva a un pibe de la platea a decir: "Parece un tema de los Redondos en versión gauchesca".
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Sus versos son como refucilos en medio de la llanura pampeana. Su voz tajante, inequívoca, se trasluce en un pensamiento que eleva sobre la guitarra y que lo sigue ubicando como un cronista rural. Larralde es sobreviviente de un estilo surero que custodia con recelo, un cantor con una manera de decir, como masticando bronca, con el que se identifican los más jóvenes.
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Es la sinceridad de su canto gauchesco, la arenga poética en contra de las desigualdades entre pobres y ricos en una época de doble discurso y su actitud al margen del sistema, lo que mantienen su discurso vigente. Larralde seguirá siendo una voz necesaria mientras no cambie aquello que testimonió Yupanqui: "Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas".
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Gabriel Plaza




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José Larralde, un criollo sin vueltas y de cuerpo entero


José Larralde, un criollo sin vueltas y de cuerpo entero
Su trayectoria ha sido compilada en una caja con cuatro CD


El cantante y recitador grabó unas seiscientas canciones
en casi cinco décadas de carrera
Siempre se mantuvo al margen del mercado y de fáciles concesiones

Por :Gabriel Plaza

Sección Espectáculos | fecha de publicación 15.04.2001

José Larralde nunca se anduvo con vueltas. Fue decidor de siempre. Arrimador de angustias propias y ajenas transcriptas en un grito ahogado y surero. Con el tiempo su figura creció como un mito extraño, rebelde, indomable. A la orilla del mercado discográfico, a la orilla de los festivales, a la orilla de los cantores condescendientes, a la orilla de todo y de todos. Esa tozudez artística inquebrantable transformó al cantor nacido en Huanguelén (un pequeño poblado a 200 kilómetros de Bahía Blanca) en una leyenda del folklore.
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Larralde acumuló credibilidad a lo largo de más de cinco décadas de trayectoria y una gran obra, compuesta por unas 600 canciones. La caja de cuatro discos editada por BMG recoge buena parte de ese repertorio propio. Si Larralde habla por sus canciones, la antológica colección lo retrata de cuerpo entero: sentires y pesares, rabias y silencios, alegrías y soledades, desfilan por el cuerpo de esas composiciones que emanan de un canto que puede sonar a descarnado, pero que tiene tono hondo y sensible.
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Himnos como "Sin pique", "Tamayo", "Cosas que pasan", "Mi viejo mate galleta" o "Grito changa", en versiones originales, aparecen para alumbrar la creación de Larralde, en un estilo gauchesco, que permite asociarlo a la llanura del paisaje bonaerense y a los personajes de José Hernández o Ricardo Güiraldes.
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En esta colección no falta ninguno de los tópicos que plasmó en esa filosofía criolla y lacerante: la desigualdad entre el peón y el patrón, el existencialismo del gaucho, la vida cotidiana del hombre rural, los oficios varios del changador, las declaraciones de amor, el transcurrir del tiempo mirando el horizonte. Tampoco faltan los ritmos sureros y patagónicos, como la milonga, el lonkomeo, el malón, la chamarrita o el estilo.
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Forman parte de esta colección canciones grabadas en sus tres primeros discos para RCA, cuando comenzó a transformarse en un suceso después de consagrarse en el Festival de Cosquín, a fines de los sesenta, presentado por Jorge Cafrune. También dentro de la recopilación aparece la monumental "Herencia para un hijo gaucho", una obra de más de 27 minutos que, a contrapelo de todo lo que se pensaba en la época, terminó siendo uno de los discos más difundidos de ese momento y uno de los trabajos más vendidos de José Larralde.
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Desde el primer disco aparece ese bordoneo impecable y solitario de la guitarra. La voz severa, con mucho tabaco. Y esas letras de su autoría que forman el amplio decálogo larraldiano. En estos doscientos minutos de música desparramados en los cuatro álbumes se pueden encontrar varias perlas que muestran diferentes facetas de esta figura telúrica.
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Algunas posiblemente habían quedado sepultadas por la enorme producción de este intérprete y varios clásicos se encargaron de sacarle brillo a otras. Pero la colección permite dosificar los temas más populares con los menos difundidos, que abren el panorama a un Larralde mucho más completo y enriquecedor.
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Por ejemplo, en el primer disco sobresalen el recitado "Estatua de carne" o las versiones del lonkomeo "Quimey Neuquén", de Marcelo Berbel y Milton Aguilar, y la milonga de su propiedad bautizada "Aguaterito". Interpretaciones que muestran una voz con matices, menos tajante y desconocida, más cercana al de un juglar rioplatense como Alfredo Zitarrosa.
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"Un pedazo de viento"
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En el segundo álbum se puede seguir disfrutando de la veta recitadora de Larralde con "Romance de una esperanza", "Amigo" o la inolvidable historia de "Cosas que pasan", que la gente recita de memoria en sus conciertos. O al autor de canciones como "De puro solo" y "Detrás del tiempo".
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En todos los temas se percibe la autoridad de Larralde para decir lo que dice. Trajinador de mil oficios, de esa experiencia se nutren sus historias, casi siempre desafortunadas o que recuerdan al pago. "Galpón de ayer", "Si yo elegí mi destino", "El alegre canto de los pájaros tristes" o "Semblanza de mi tierra seca" ofrecen esa visión en el tercer volumen de esta edición completísima.El disco cuatro reúne otro rosario de milongas, donde incluye a autores que admira, como Marcelo Berbel y su famosa "La pasto verde" o el poema de Osiris Rodríguez Castillo "Elogio de la soledad". Además del fraseo campero contenido en las milongas de su cuño: "En una lágrima", "Voy tranqueando mi mundo", "Amontonando cansancio", "Manea" o la particular "Y es mejor que esté callada", que funciona como una declaración de principios.
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Al final puede quedar el sabor de un mate amargo. Pero entrar en el mundo de Larralde significa involucrarse y participar de una ceremonia íntima. Larralde ofrece una mirada sin concesiones sobre un país olvidado. Es que su canto sube desde la boca del estómago y sus canciones son paridas desde las vísceras. Pero nunca adoptó una postura demagógica. "Yo en realidad no le canto a nadie. Canto lo que viví y lo que veo vivir. Canto para mí. No soy personero de nadie, ni represento a nadie. No se vaya a confundir", dijo una vez en una entrevista. Y es así. Aunque este material parece una excepción.
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El músico agradece, en el interior del librito, a sus seguidores. Y es natural: la mayoría son los protagonistas de sus milongas. Por eso la dedicatoria: "A usted, que desde mi primera canción me permitió arrimarme hasta su casa, como quien deja arrimar por una puerta abierta un pedazo de viento..."




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Un cantor huraño y solitario que sigue llenando el teatro


Sin jugar de paisano ni halagar a su público, José Larralde trajo otro de sus recitales de siempre: desesperanzados y quejosos, pero llegador y sincero

por ALEJANDRO CASTAÑEDA

Es como si fuera el último cantor de protesta. Y lo revela desde su presencia. Con esa barba bien tupida y bien blanca, esa voz grave, ese tono sentencioso, la pinta arisca y un decir entre dientes. Está solito en el escenario, como ignorando las minúsculas exigencias del espectáculo. Ni un teclado ni un ayudante ni un invitado. Las luces de la sala bien encendidas para que se puedan ver unos a otros. Sin juego de luces, ni decoración ni presentador, sin nada que pueda estorbar esta pequeña ceremonia. Solito con su guitarra y sus decires. La sala repleta del Coliseo le da razón a su porfiado estilo. Viene una vez por año a buscar el renovado cariño de su gente. Es un hombre de poca prensa, tan esquivo a los reportajes como su cancionero, un solitario que mientras va preparando su guitarra va contando cosas. José Larralde es casi un modelo único por su tono, su intransigencia y sus reiteraciones. Ocupa el casillero solitario de una poesía surera que no tiene ni muchos cultores ni muchos seguidores. Su pasado de peón de campo le ha dado letra, sustancia y razón a sus reclamos. Sigue martillando por lo de siempre y la sensación que deja es que las cosas no han cambiado mucho. Lo dice en un momento cuando descubre que una canción que ya tiene mas de 30 años le calza justito al cantor y al público de ahora. Y pecha con su agreste estilo para abrirse camino con un repertorio en el que el rico y el pobre, el estanciero y el peón, el poder y los desamparados, la ciudad y el campo, ellos son los antagonistas de siempre.
Lo mejor de Larralde es que siempre fue eso y nunca trató de cambiar. Trasmite una imagen de sinceridad que ni siquiera debe ser reafirmada. No la juega de paisano, se viste como uno más de la calle y ni se cambia para subir al escenario. Hasta su saludo final tiene la misma mezcla de moderación y disculpa de su canto. Tampoco hace demagogia con su público. Cada tanto toma un poco de agua ("esto es agua, eh", dice como para diferenciarse de los folkloristas del norte que se la pasan cameleando con el vino) no alardea, cultiva el perfil bajo, se autodefine como cantor de fogones y por eso su cancionero suena quejumbroso y consejero, pero en general se mete pronto en honduras y sabe retratar en su verdadera dimensión al hombre de estas pampas: tiene una voz y un decir llano y particular, una presencia entre la altivez y el enojo, un lenguaje campero medio arisco y medio brusco, una manera de mirar las cosas desde la ironía y la desesperanza, atropellando contra la injusticia, pero sin bajar líneas para enseñar a enfrentarla.
Larralde se presentó el sábado a sala llena. Y es un dato que vale la pena tener en cuenta. Porque cualquiera no pone el cartel de "No hay más localidades". Larralde no llamó a charla de prensa ni prometió nuevas canciones ni lanzo un CD ni se adelantó con alguna declaración maliciosa ni prometió lo último del milenio. Hizo lo de siempre y para los de siempre. Porque es como si no necesitara otras cosas. Revisó sus poemas, se mandó para aquí con sus partituras, un rato antes miró el escenario para ver si todo estaba en orden y salió. Su voz llena la escena y no tiene necesidad ni de palmas ni de volumen. Lo escuchan con mucha atención. Cuando el cantor deja lugar al narrador, también allí se lo escucha con interés. Tiene buen decir, sabe contar las cosas y ambientar su temas, se lo ve fresco y suelto en sus narraciones. Hay humor y pintoresquismo pero sin buscarlos y la gente agradece a un hombre que no le da falsa gravedad a sus temas, que sabe que lo que canta no va a cambiar el mundo, que destaca sin subrayados esta decisión de la gente de hacer un alto en el camino a lo largo de dos horas -"como cuando va al cine o a la cancha"- para darle una tregua a las preocupaciones. Su guitarra va de un tema a otro. Su fuerte es la milonga sureña, pero también pasea por la canción, por algunos temas que ni el mismo se atreve a definirlos. Y cuando planea sobre algún otro autor (la hermosa milonga "Domingo de agua") lo hace porque lo siente hermanado en su poesía, tan tristón y sin horizontes como sus personajes.
No es hombre de festivales ni parece caber en algún espectáculo grupal. Es un solitario. Sólo Cafrune (cuando hacía milongas de Rodríguez Castillo o de Yupanqui) merodeó este repertorio con parecida apariencia y el mismo éxito. Pero lo de Larralde es mas replegado, más intimista, más huraño. Y no abandona jamás su contenido. No hace paisajismo ni se aparta de su línea testimonial. Cualquiera se la época y el suceso, jamás se olvida de meter la pampa allá bien al fondo, pero de tararear en la superficie las andanzas del peón de campo, su soledad, su callada rebeldía, el maltrato que le da un paisaje tan largo y repetido como sus demandas.




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Diario Los Andes 5 de noviembre de 2004 Por Eduardo Luis Ayassa


Diario Los Andes - 5 de noviembre de 2004

“Vivir en la ignorancia es más cómodo”
Por Eduardo Luis Ayassa Cantor orillero de versos y milongas. De un decir directo "aunque duela", José Larralde habló de todo con Los Andes. A poco de llegado a San Rafael, donde se presentará esta noche en el teatro Roma, confió su forma de pensar sobre los políticos, los sindicalistas y los piqueteros. En la charla reiteró que Cosquín "es un capítulo cerrado" y que su canto, gracias al rock pesado, también lo escuchan los jóvenes.

"Si una vez pedí permiso esta vez no viá a pedir nada
cansado de saltar pialada me he hecho medio escurridizo
no sé si será preciso que explique mi situación
no sé si será cuestión de afilar el desembuche
pero sé que el que me escuche me prestará su atención". José Larralde nació, hace 67 años, en una estancia de Huanguelén -cerca de Bahía Blanca- en la provincia de Buenos Aires. Fue trabajador rural, tractorista, albañil, mecánico, soldador y después de casi medio siglo cantando vivencias se sigue sintiendo "peón".

-¿Qué veremos sobre el escenario hoy aquí y mañana en Mendoza? -Lo de siempre. Lo mío no es un show, ni un concierto, ni un espectáculo, es una guitarreada. Con mi guitarra abro un abanico y a medida que la gente se va entusiasmando extiendo la propuesta. Es la misma cantidad de canciones, pero hablo mucho más. En cambio si veo que el público no me da mucha pelota canto los temas que tengo que cantar y basta. Pero acá y en todos lados siempre me ha ido bien.

-¿Qué gente lo sigue? -Mi público, por una cuestión de años, se ha ido renovando. Ahora hay jóvenes (de unos 30 años) que llegaron a conocerme a través del rock pesado, Ricardo Iorio fue el culpable. Él me grabó algunos temas, que yo los escucho pero no los entiendo, pero los pibes han querido conocer al autor de esas canciones y después ellos se enganchan con lo que yo hago y me siguen a todos lados.

-¿Nunca más Cosquín? -No, ese es un capítulo cerrado. Ahí estuve en el 68 y nunca más volví. El año pasado me ofrecieron todo, pero no es una cuestión de plata porque a mí no me hace falta, pero el hombre es esclavo de su palabra, por eso cuando dice algo con la boca después hay que sostenerlo con el cuero. Y yo lo dije y lo repito: a Cosquín no vuelvo nunca más.

-¿Quién fue Jorge Cafrune para Larralde? -Un amigo que cantó algunos temas míos, pero sin saber quién era yo. Después me prestó su guitarra para que yo empezara en esto de andar cantando y también me aconsejó bien con quien grabar.

-¿Proyectos de nuevos temas? -Tengo más de 600 canciones. La mitad todavía no ha sido editada, pero no estoy grabando desde hace años. Yo pago mis impuestos desde siempre y mi jubilación desde los 18 años, pero no puedo combatir la piratería discográfica. Hoy, subir a un escenario no es barato, pero es lo que más me gusta y aquí estamos.

-¿Usted votó a Néstor Kirchner? -Nunca no le he negado. Votar a una persona no es un delito;el delito lo comenten ellos después cuando no cumplen con lo que dicen. Pero también hay veces que uno se equivoca fulero, como cuando ganó Carlitos.

-¿Tiene afiliación política? -En general siempre he cortado boletas, nunca voté una lista entera, pero después me joden igual porque hacen lo que quieren. En las últimas elecciones voté por Kirchner porque tampoco había mucho para elegir. Nunca fui peronista.

-¿Conforme con este gobierno? -Uno vota para que nos administren y no para que nos afanen o nos matoneen. Ellos son el gobierno, pero el Estado somos nosotros. La idea es que administren el país para que el pueblo esté mejor, pero no puedo pretender que en uno o dos años un presidente venga y arregle todos los despelotes que hay desde 1810 a esta parte. Pienso que tenemos una educación democrática muy equivocada, aunque como buenos argentinos siempre somos los mejores en todo

-¿Cómo ve el resultado de las elecciones en los Estados Unidos? -El pueblo norteamericano es mucho más inocente de lo que la gente cree. Como cada uno tiene su auto y su casa, miran la guerra lejos, a la distancia. Ellos tienen guita, poder, y creen que tienen todo, pero así también pensaba Nerón, Napoleón y tantos otros que de un día para otro desaparecieron. No digo que esto le vaya a pasar a los Estados Unidos, pero creo que con el tiempo deberán tener un poco más de cuidado y aprender que no son los directores generales del planeta, porque tampoco se puede manejar al mundo en base al miedo

-¿Eso representa el reelecto George W. Bush? -Los norteamericanos votaron por el miedo a la guerra. Si Bin Laden lo quería joder a Bush se equivocó totalmente.

-¿Todo tiempo pasado...? -Hubo cambios en todo el mundo. Uno se pone viejo y conservador y piensa que los tiempos de antes eran mejores. Y para muchos tal vez lo fueron porque vivían en la ignorancia, que es cómoda porque cuando uno ignora algo ni lo sufre ni lo goza.

-¿Estamos más informados? -Ahora todo se ha abierto. Por la televisión nos enteramos lo que pasa en Irak o lo que dice el ministro de Economía en la otra parte del mundo. No sé si eso es mejor, pero por lo menos ahora estamos informados. Cuando era chico, en mi pueblo, llegaba el diario Democracia y se lo prestaban entre los vecinos, cuando mi madre lo leía habían pasado casi 15 ó 20 días y no hay nada más viejo que un diario de ayer ¿no?

-¿Sólo eso? -Eso es una parte, pero también hay adelantos en la ciencia, la medicina, y eso es bueno. "Hoy pienso en la humanidá
igual que ayer y mañana
se va muriendo con ganas de llegar a la verdá
sé que no es casualidá que el hombre viva amargado
embuchando un entripao producto de su inocencia
unos le llaman paciencia y yo tiempo mal gastado"

-¿Ayer u hoy? -Antes el patrón te hacia trabajar como perro y te pagaba con 20 guitas, que tenías que cambiar el trabajo en el almacén por yerba y alpargatas y nunca veías un peso. Ahora sigue de la misma manera pero con otra mentalidad. Creo que desde un tiempo a esta parte se ha perdido la educación de lo que es el laburo o el respeto por los símbolos. Es tiempo de hacer menos agasajos o reconocimientos a San Martín o Belgrano, y tratar de ser como ellos.

-¿Sindicalistas? -El hombre de campo nunca tuvo sindicato, porque no se consiguen votos ahí para que sigan habiendo hombres como Ubaldini o Cavallieri, todos estos tipos que nacieron en un sindicato y se van a morir ahí, pero no sé cuándo habrán laburado. Hoy el obrero y la gente están muy mal representados. La verdadera defensa del trabajador fueron hombres como Palacios o Reyes.

-¿Los piqueteros? -Ese es un capítulo aparte y un tema para analizar en otro momento porque es bastante largo, algo así como la deuda externa. Creo que revertir esto va a costar mucho porque viene desde hace tiempo. No es un invento nuevo esto de darle dádivas a la gente para llenar las plazas o plata para provocar un paro o cualquier despelote. Eso es viejísimo.

-¿Cómo tomó la caída del gobierno de De la Rúa? -De la Rúa se fue porque lo volteó un piquete de cacerolas, pero me causó mucha pena que un año después saliera gente a festejar la caída de un gobierno democrático, que debería haberlo sacado el Congreso de la Nación o la Suprema Corte, pero no un grupo de tipos. Y todo el mundo recordó que se había tomado un helicóptero y se escapó, pero esos mismos se olvidaron que Perón hizo exactamente lo mismo 50 años antes. Eso demuestra que tenemos poca memoria. Y para refrescar esa memoria, hoy José Larralde levantará su canto. Será, desde las 22, en el sanrafaelino teatro Roma.
“Voy a volver pa que tengan los que no tienen,
al menos un recuerdo que los recuerde,
voy a volver pa que sepan que no me he muerto,
que no estoy ni dormido ni mucho menos,
que ni pido clemencia ni doy risueyos,
que pa muchos soy poco y pa poco suebro”

El Himno Nacional “A mi me da vergüenza cantar el Himno Nacional, porque es una falta de respeto a Vicente López y Blas Parera. Y te lo cuento así”: Oíd mortales el grito sagrado. Libertad. Libertad. Libertad -¿Libertad para qué? ¿Para morirte de hambre? ¡Qué libertad tenemos nosotros! Oíd el ruido de rotas cadenas. -¿Cuándo se rompieron las cadenas? Ved en trono a la noble igualdad. -Y la igualdad es que cada vez hay más pobres, nos estamos igualando pero para abajo. Ya su trono dignísimo abrieron las provincias unidas del sur... -Una unión bárbara tenemos. Los libres del mundo responden: ¡al gran pueblo argentino salud! -Al mundo le importa un pito el pueblo argentino y su salud. Y termina: Sean eternos los laureles que supimos conseguir. -Que supieron conseguir nuestros próceres, porque nosotros se lo echamos al estofado.

De puro criollo "Por eso m hijo repito,
que consejos no le doy
el canto que canto hoy
y el canto que ayer canté
mañana lo cantaré
de puro criollo que soy". Así cierra José Larralde su tema "Herencia pa un hijo gaucho", del que se han editado más de 5.000.000 de copias. Grabó su primer disco allá por finales del 60. En 1971 se estrenó “Santos Vega”, película que lo tuvo como protagonista junto a Ana María Picchio y Walter Vidarte. Dicen que le gusta coleccionar de todo, pero principalmente "cuchillos". Nació un 22 de octubre, tiene 3 hijos (Carlos Raimundo, Julián y Lautaro) y actualmente vive en el Gran Buenos Aires




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Diario La Capital, 21 de Noviembre 2003 José llega para cantar toda su historia


Diario La Capital, 21 de Noviembre 2003

José Larralde llega para cantar toda su historia
El cantor surero se presenta en el Auditorio Fundación
"Al país lo veo más o menos como siempre; allá lejos se divisa una luz chiquita de esperanza como esas que ve (Víctor) Sueyro", expresó entre otras ironías el folclórico José Larralde, quien hoy, a las 21.30, llega al Auditorio Fundación Astengo, Mitre 754, con su espectáculo "Historias y canciones".


"«Historias y canciones» no es un espectáculo nuevo. Se llama así porque resume lo que hago que es contar el origen de cada canción, cosas pasaban hace 50 años atrás pero siguen pasando", manifestó a Escenario el autor de obras memorables como "Herencia para un hijo gaucho".

"Estoy preparando un disco, pero sale caro grabar hoy. Además nos tiene mal la cuestión del truchaje de discos. Alguien compra un compact y se lo pasa a medio mundo y con las máquinas que hay, las copias salen como chorizos. Estoy preparando cosas que tengo escritas y metiéndoles mano a las grabaciones viejas para regrabarlas bien, porque para que salgan copias en CD mal hechas, me quedo con los vinilos viejos", dijo el cantor surero.

Larralde reconoció que la cifra de casi 12 millones de discos suyos vendidos es hoy verosímil. "Eso era antes. El disco mío que menos vendía metía 200.000 ejemplares. Hoy si llegás a los 20.000 sos Gardel y hay 40.000 ó 50.000 que si no se truchan, se hacen de contrabando. Es algo bastante dudoso. Yo no sé que poder tiene Sadaic, las grabadoras y la DGI. ¿Cómo no los pueden enganchar? Por ahí agarran a cuatro perejiles pero los grandes no aparecen", manifestó.

Sobre su modo de actuar en el escenario, el cantante expresó que "en las ciudades y entre los jóvenes creen que cuento cosas del 1800, pero se trata de historias que siguen sucediendo. En el campo hay muchos que pescan y cazan peludos y liebres para comer, pero la diferencia es que para ellos eso es normal. Yo siempre digo que aprendí lo que era el hambre cuando empecé a comer seguido. El daño físico que sufre esa gente que cae en eso hoy, no es nada comparado con el espiritual, y ese no se cura poniendo una curita...", expresó.

También con lenguaje crudo e ironías, Larralde mostró su visión de la actualidad nacional. "Se ve como una lucecita de esperanza, como las que ve Sueyro (risa), pero cuando uno está a oscuras ve luces o garrotazos por todos lados también. Yo no hablo en nombre de nadie. No soy peronista ni radical, soy un laburante y corto boletas a lo loco, pero me cagan igual". Finalmente expresó: "Yo no soy folclorista, soy un cantor orillero que también cantó otras cosas. A mí me enchufaron en el folclore, pero en realidad canto cosas del campo, del pueblo o de la ciudad porque las conozco, porque soy un changa, un siete oficios, como decían antes. Anduve por todos lados y si le cuento mis historias, le va a parecer que tengo 200 años".




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LRA30 Radio Nacional - 7 de Julio de 2003 - Por Julio César Maroa


Lunes, Julio 7 de 2003

"Voté a Kirchner porque es sureño"
Lo dijo José Larralde en un extenso diálogo
que reseña Teresita Méndez para el Diario Digital.
A pesar de haber transcurrido algunos días de su emisión por LRA30 Radio Nacional, resulta grato recordar la charla que el cantautor José Larralde mantuvo con los oyentes de esa emisora.
Fue destinatario de numerosos saludos, incluido el del intendente municipal Alberto Icare. Habló de su actividad, de la situación social del país, de sus padres, recuerdos y música.


Con permiso y sin apuro el cantor y guitarrero José Larralde mantuvo un extenso contacto con los oyentes de Radio Nacional Bariloche. Durante el diálogo con Julio César Maroa, conductor del programa matinal junto a Rubén Darío Lagrás, transitó los caminos del recuerdo de su Huanguelén natal alternándolos con pareceres sobre la situación actual del país, la esperanza renacida y la actividad que desarrolla desde aquel consagratorio Festival Cosquín de 1967.
La plaza Próspero Molina no lo tiene entre sus protagonistas desde 1968. “Este año me ofrecieron lo que quisiera pero dije que no iba más, y como uno es esclavo de su palabra...”, dijo con su habitual sinceridad.
Como a Horacio Guaraní “me ha gustado eso de actuar, lo que pasa es que si uno no tiene una empresa medio poderosa atrás que lo banque, no se puede hacer y para hacer una porquería más vale no se hace nada. Me tengo que dedicar a lo mío. Me ofrecieron seguir haciendo cine pero yo no soy actor. Hice una película olvidable: Santos Vega, en los 70. Se filmó más o menos porque no había un mango, era una pesadilla, todo a pulmón”, recordó.
Temas nuevos “tengo muchísimos, todos los días me preguntan cuándo grabamos” y sin embargo, la temática de las canciones no ha cambiado. Admite que algunas situaciones lo afectan especialmente como las recientes inundaciones en Santa Fe pero “no uso ese tipo de cosas para hacer canciones porque no soluciono nada, es como querer sacar tajada de la desgracia. A lo mejor una persona que es doliente, que la conoce a fondo, hace una canción. Las cosas hay que vivirlas y sentirlas en carne propia para hablar con cierto fundamento”.
Los versos de “Mi viejo mate galleta” (“Qué mano tronchó tu suerte. Tal vez la mano del tiempo, si hasta creí que eras eterno, nunca imaginé tu muerte. En tu pancita verdosa cuántos paisajes miré, cuántos versos hilvané mientras gozaba tu amargo, cuántas veces te hice largo y vos sabías por qué. Cuando la yerba escaseaba por falta de patacones nunca pediste razones pero me diste consejos, chupá pero hacete viejo sin llegar a los talones...”) dieron pie a los recuerdos. “He coleccionado cualquier cosa. Soy enfermo por los cuchillos y me han pasado cosas muy lindas. Tuve una daga de 60 centímetros hecha con una hoja de sable de la guerra del Paraguay con cabo de plata cuadrado con una ese que me regaló un viejo como de ochenta años. Me dijo: ésto era de mi abuelo y quiero que lo tenga usted. Le dije que lo dejara para sus hijos o nietos y me contestó: son gringos, no van a saber darle el valor que tiene.
“Otra vez en Entre Ríos, un paisano me dijo: no se vaya a ofender porque ésto es una porquería comparado con lo que usted debe tener. Era un cuchillo precario hecho con una hoja que había encontrado enterrada, toda picada pero cuidadosamente lijada. Y me la regaló diciéndome: ésto es lo que tengo. Era todo su capital, el cuchillo. No es lo material lo que importa sino esa cosa de sacarse lo único que tiene. No hay forma de valuarlo”.
En el campo, donde trabajó desde muy joven, “hacía de todo, había que aprender lo que venga. Ahora si no es de gerente, no hay quien agarre. Laburo hay, lo que no hay es ocupación. Está todo por hacerse, lo que no hay es quien organice toda esa mano de obra para algo útil porque también trabajar al pedo es algo jodido”.
A su juicio hay que dar una “solución a la gente para que se vaya modernizando en la forma de trabajar, hay que preparala. Mi vieja trabajó toda su vida en el campo, tiene las manos hechas pelota y cobra doscientos pesos y (nosotros) rompemos y tiramos miguelitos y jodemos a otros. Cortan el (tránsito en el) puente Pueyrredón y por ahí pasa el colectivo con gente que va a su laburo o yo, que quiero ver a mi vieja en Escalada. Pobres contra pobres no soluciona nada, es anticonstitucional, me están sacando el derecho a tansitar. Un derecho no quita el otro, ellos pueden manifestarse en plaza Congreso”, opinó.
A la pregunta del oyente Oscar Criado sobre lo que le falta lograr, Larralde señaló que tiene “todo por hacer. Si dijera que he logrado algo, ya estoy entregado. La idea es seguir viviendo y siendo útil, la mejor obra no la escribí, uno tiene proyectos, fija metas. Todavía no arrancamos maestro”.
A su padre “El vasco” dedicó “Arroyito de sauce”. Cuando la canta “me atranco un poco, cuesta. Me miro en el espejo y lo veo, quisiera tenerlo ahora para mostrarle muchas cosas. Durante los últimos años de su vida le daba su platita para jugar al mus. Un día me dijo algo que me partió el alma: sabe una cosa hijo, ayer pagué una vuelta. Estaba orgulloso porque nunca había podido hacerlo, se sentía importante. Ahí me di cuenta lo que es la pobreza. Si la felicidad de él era esa. Me marcó tanto...
“Cuántas veces los hijos cuestionamos a los viejos. Un consejo para los pibes: los viejos tienen razón aunque no la tengan. Pueden estar equivocados pero detrás está siempre el alma”, aseguró.

Música y algo más

En el país “no tenemos música nativa”, es fruto de distintas influencias, consideró Larralde. El Loncomeo, por ejemplo, “no existe como canto. Como la música nativa de cualquier lugar del mundo, es un canto gutural. Marcelo Berbel tenía acceso a esos lugares, sacó la melodía pentatónica y le puso letra. Yo también hice loncomeos pero les puse canción porque es una cosa tan vidriosa meterse en ese tipo de definiciones. Como la cordillerana, una milonga arpegiada al revés que hice por primera vez con “Cuando me muera”. Quedó un sonido más triste. A Marcelo le gustó y empezó a hacer temas con ese acompañamiento”.
Durante las últimas elecciones “voté a Kirchner, a quien me pareció bueno, más que nada porque es sureño, sufrido. Me gustó que pusiera gente nueva, entre la que puede haber podridos, pero la mayoría tiene bajo perfil y parece que van a laburar y eso es lo que necesitamos: gente que labure. Le va a costar porque se va a encontrar con Juan Moreira en todas las esquinas”, auguró.
Como país “tenemos la misma edad que Estados Unidos, un país organizado, con la diferencia que aquí llegó gente de todo el mundo, gracias a Dios. Por eso somos tan despelotados, cada uno hace lo suyo. En mi pueblo cada colectividad hacía sus fiestas hasta que a un tío mío se le ocurrió formar la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, Terminaron todas las tiranteces”.
Acá siguen cantando la marcha que dice “hay que combatir al capital. Si lo combatimos nos morimos todos, hay que distribuirlo de otra manera pero no combatirlo. Fidel Castro vino, habló y los pibes vieron eso: la democracia. Si otros presidentes hubieran querido hablar también hubieran podido”, rescató.





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Diario Los Andes 08 de Junio de 2002 Por Walter Gazzo


Diario Los Andes 08 de Junio de 2002

EL REGRESO DEL CANTOR
Por Walter Gazzo

José Larralde volvió a Mendoza. Hubo que esperar muchos, pero muchos años para que el cantor orillero volviera a estas tierras. Y lo hizo con las mismas ganas de siempre, con la sonrisa intacta y con muchas ganas de decir cosas. Desde ya, siempre dice cosas a través de sus discos. En forma directa, sin pelos en la lengua y con muchas agallas. Larralde se ha sabido ganar un espacio muy grande dentro de los respetados del país.
Pero al dialogar con él, cara a cara y con un café de por medio, la sensación que queda es que el hombre dice las cosas por experiencia propia, por vivencias, por la denuncia impiadosa y por franqueza. Los que tienen más años comentaban que Larralde era una persona de pocas palabras con la prensa. Con todos los recaudos del caso, Los Andes se sentó a dialogar con el cantor y descubrió que los que dicen eso están equivocados. Tal vez, algo de cierto haya en que no es muy dado para los medios, pero las más de dos horas de charla con este periodista no son ejemplo de esa actitud cerrada. El diálogo fue intenso, a veces transformado en monólogo. Pero la intensidad de los relatos, la justeza de las palabras y la claridad de las frases fueron mostrando a un Larralde auténtico. Tan auténtico, que la entrevista que sigue a continuación es transcripción textual de una gran parte de esa charla, con las palabras que usa un artista distinto, que maneja el mismo mensaje que el hombre de la calle.

Hace muchos años que no viene por Mendoza... La última vez que estuve en Mendoza fue en 1978. Tiempos pesados... Estuve en un teatro frente a al plaza. Me acuerdo que hubo algo que me sorprendió y fue que los micrófonos chiflaban y no se podía escuchar nada. Es que toda la primera fila estaba llena de gente que me estaba grabando lo que decía y hacían interferencia. Yo no se para qué tanto... Eran los servicios. Querían escuchar lo que yo decía...

¿Le pasa seguido que existan lugares sin visitar durante tantos años?
Este trabajo es medio raro. De repente estás trabajando en una zona donde hay que repetir actuaciones y de repente estás diez años sin volver a ese lugar. Todo lo que hacemos lo hacemos a poncho, a lo que salga. A veces no va bien, otras empatás y muchas otras podés perder, porque llegás en mal momento o porque la gente no cobró o porque no levantaron la cosecha...

Me habla de problemas. No sólo sufre ahora por la crisis sino que por lo que se ve también sufrió mucho en la época de la dictadura. En esa época todos tuvimos problemas. muchos me preguntan: "
¿Vos estuviste prohibido?" y yo les contesto: "¿ y vos?". "No, yo no", te dicen. ¿Cómo que no?, desde el momento en que estás con estado de sitio perdés todas las garantías, estás prohibido, no podés hacer nada. Cuando estás privado de la libertad, que no podés hacer nada libremente, te tienen prohibido. Acá nos prohibieron a todos en la dictadura.

¿Ve algún punto en común entre esa época y ésta?
No, son totalmente diferentes. Una cosa es la dictadura y otra es ésta, porque si bien es una democracia es algo anárquica, con un desgobierno terrible. La diferencia es que ahora puedo decir de todo en todos lados. Antes, tenía que andar rajando de un pueblo para el otro y vivir escondido. ¡Ni hablar de la época de López Rega!, fue terrible. Ahora nada que ver. Mucha gente piensa que la situación económica era mejor antes pero para tener ese pasar nos metieron en un adeuda que la estamos pagando hoy. Cuando llegó la democracia se encontraron con que había que pagar un paquete enorme de guita, que se agranda cada día más. Algunos dicen "pero antes hacían obras..". Y, algo tenían que hacer para justificar lo que afanaban. Ahora es diferente que con los militares. El tipo que se mete debajo de la cama, no tiene problemas nunca.

Algunos dicen que ésta es la peor crisis que está viviendo el país; desde el lado de sus años y su experiencia ¿es tan así? Si pensás en los miles de millones de dólares que debemos, es claro que esta es la peor crisis económica, pero a mí me molesta más el porqué de la crisis. Acá no pasó nada, nadie hizo nada... Siempre se dieron las condiciones para que el país estuviera bien. Pero se afanaron todo, se privatizó todo, perdimos YPF, perdimos ferrocarriles.. Se afanaron todo... Hay servicios que el Estado tiene la obligación de darle al ciudadano y no lo hace. Acá todo se habla y se mide en función de la guita. El dólar está donde está por nuestra culpa. En Brasil no les importa un pito lo que es un dólar y acá todos salieron corriendo a comprar dólares. Es el negocio de los mismo de siempre.

¿Cuánto hay de consecuente de lo que dice a lo que hace?
Cuando me acuesto, duermo bien. Mi conciencia me deja dormir. Me siento a la mesa con mis amigos y como sin problemas, cuando hay para comer. Ando suelto por la calle cuando los políticos se tienen que esconder porque si no os cagan a palos.. Para uno de los golpes de los carapintadas fui el primer tipo que llegó al Congreso. Estuve en todos lo quilombos y en el del 20 de diciembre también la ligué. El recuerdo más lindo que tengo de mi vida, y que me hace feliz, se dio en un de los amagues carapintadas; empezaron a cantar " el que no salta es un militar" y yo me puse a saltar como todos. Un tipo me tocó el hombro y me dijo "No Larralde, usted no tiene que rendir exámen". Eso tiene un valor muy grande, Yo estuve en todos los despelotes y fui consecuente. No me fui del país, me llamo José Larralde, todos saben donde ubicarme y a mis hijos lo único que les puedo dejares mi apellido, como me lo dejó mi padre. Soy un seco, no tengo un mango y desde 1968 pago todos mis impuestos. Nunca dejé de pagarlos. Tengo todo al día. Yo sé que me los roban pero los pago, porque si todos vamos a pensar en no pagar porque se los roban les vamos a dar la razón al uruguayo que dijo que somos todos chorros. Yo puedo decir todo lo que digo porque pago mis impuestos, voto siempre, soy un ciudadano que cumple. De alguna manera se tiene que mover el país. Parte de mi guita va a parar a escuelas, hospitales y otra parte va a parar a algunos muchachos que se la llevan... pero no tengo que pensar en esto último, tengo que pensar en que primero están mis obligaciones.

¿La realidad de sus letras sobre la gente del campo sigue siendo la misma?
¿Qué diferencia hay entre la gente del campo y la de la ciudad?
Ninguna. Es gente, pero hay algunas cosas distintas. En el campo, la miseria es más digna. Vivir en la ciudad es ver una miseria mucho peor que la que puede pasar cualquier persona del campo. En la ciudad tenés que pagar jásate l aire. En el campo, te las rebuscás. Yo vivo en Buenos Aires pero recorro todo el país. El corralito no me hizo nada porque no tengo un mango pero me afecta porque la gente no tiene guita para sacar una entrada para ir a verme. Al final me afectó... Lo que más bronca me da es que el corralito marcó las diferencias sociales de una manera bastante grosera. Cuando empezaron los piqueteros la gente los trató de negros que cortaban la calle. Un poco es cierto, porque ninguno de los millonarios del país pasa por esas rutas. Por ahí pasan los pelotudos que vamos a laburar. Es pobre contra pobre. Te cortan la calle para demostrarle al Gobierno que pueden hacerlo, pero nos cagan. La razón es que nos han dividido. Hay que juntarse e ir a tirar la bronca donde es necesario, en el Congreso, en la Casa de Gobierno, no cortando la calle. Eso no lo veo bien. El corralito mostró otra cosa fea. Cuando tocaron a los que tenían plata en los bancos salieron todos los señores con las cacerolas a juntarse con los que ellos llamaban roñosos. Entonces éramos todos iguales. Yo les digo que se metan la cacerola en el culo porque cuando abran el corralito van a agarrar la guita, volverán a sus viviendas dignas y los boludos seguirán pegándole a las latas en la calle. Volverán a ser los negros de siempre. Acá hubo alguien que se dedicó a dividir: dividió a los militares, los peronistas, los radicales, los curas, los hinchas de Boca... dividió a todo el mundo. Y ese fue Carlitos. La hizo bien. Divide y reinarás.

¿Nadie se dio cuenta de eso?
A mí no me importa quién está en el gobierno, yo digo lo que tengo que decir. Si hace las cosas bien, no tengo que aplaudirlo porque para eso está. Yo critico lo mal que hace. Muchos me dicen que vivo tirando la bronca y que no veo lo positivo. Los que gobiernan se postularon para eso y tienen que hacerlo. El pueblo los preparó y después se olvida. Nunca hemos sabido hacer valer nuestros derechos. El que calla, otorga.

¿Se siente defraudado o estafado?
Siempre que voté corté boletas. Voté al peronismo, a socialistas, pero nunca a los conservadores. Sentirse estafado a o defraudado es lo mimo. Siento tristeza y es muy difícil de superar. Tengo hijos que son profesionales y que no tienen laburo, a los cuales les tengo que arrimar un mango para que puedan comer. Son grandes. Y tengo hijos chicos por los que me preocupa su futuro. Tengo mi madre y gracias a que yo la ayudo sigue viva porque si tiene que esperar al PAMI... Tengo amigos que sufren. Estoy viviendo una amargura muy grande y no se puede revertir porque no está en mis manos.

¿Eso lo siente sobre el escenario?
Arriba del escenario soy diferente. Intento pasar un buen momento. Trato de que nos podamos divertir, reír un rato. Pero por ahí, acá me chiflan y me insultan. ¿Le ha pasado alguna vez? No, no... He estados desde los lugares más crotos hasta los lugares más bacanes y siempre me fue bien. Eso sí, en todos lados me despacho sin problemas, hablando igual que como se habla en la calle. No ando con vueltas. No me hago el catedrático. Hubo ua época en que tuve que ser más rebuscado porque la gente no estaba acostumbrada a los mensajes directos. La gente pensaba que el artista era diferente. Y si te ven en televisión, más todavía. Usted no es una persona de aparecer mucho en los medios Por lo general a los programas que voy son los que están hechos muy a pulmón, como los canales de cable o programas de TV de gente amiga. Yo tengo muy buena memoria y no me olvido de Mona Moncalvillo, Badía, Fernando Bravo, que se animaron a pasar un disco mío cuando no se podía. Ellos no me olvidaron. Se jugaron por mí en épocas jodidas.

¿Hay alguna vinculación entre usted y el rock?
Alguna propuesta siempre hubo. Ricardo Iorio (líder del grupo heavy metal ALMAFUERTE) una vez grabó un tema mío. Y lo fui a escuchar. Y no los entiendo mucho. La música es muy fuerte, los bateros le pegan muy duro y no alcanzo a enteder un pito lo que dicen. Alguna vez me invitó a participar de un show pero yo no quise porque no tengo nada que ver con eso. Lo que sí hay es un fenómeno muy raro con los pibes. Hace dos semanas actué en el auditorio de San Isidro y un sesenta por ciento del público eran pibes. Y eso me pasa en todos lados. Van con las remeras de Hermética, V8 o Alamafuerte, ponen banderas que dicen "Fuerza José" y qué sé yo cuanto. Yo me pregunto por qué esos pibes me van a escuchar a mí. A veces, los grandes tenemos una idea equivocada de los pibes de hoy. No todos los pibes están en la falopa o en la pavada. Los hay decentes, que se portan bien pero no son los que muestra la televisión ni los medios. Los mismos pibes que se revolean en un show de Iorio sacan la entrada más cara para verme y parece que estuvieran en misa. Eso es importante para lo que nosotros hacemos. No se tiene que perder eso.

¿Ve bien la folclore?
Mi miedo es quien queda cuando no cante más Mercedes Sosa, Horacio Guaraní, Los Chalchaleros, El Negro Luna, Viñas... No veo quien viene. Hay muchos muchachos que son muy buenos instrumentistas y otros que es escriben muy bien pero que no tienen cabida.

IRSE DEL PAÍS "No estoy para nada de acuerdo con los que se van del país. Si tu mamá está enferma, ¿vos te vas a ir y vas a volver cuando esté mejor y te pueda preparar tortas fritas y el mate? No viejo, acá hay que quedarse y laburar entre todos para sacar a los chorros de donde están. Si te vas, les estás dando la razón y nos van a seguir afanando. Hay que quedarse porque es la única manera de salir del pozo".

LA PIRATERÍA "Es imposible competir con los truchos. La DGI tiene mucha gente al pedo por ahí y no se calienta en ir a ver las disquerías que venden discos truchos. Yo propuse en el año 70 que los discos se estampillaran, como los cigarrillos. Si ves un atado de cigarrillos sin estampilla te das cuenta de que es trucho. Un disco sin estampilla sería igual. Cualquiera podría denunciar esa manobria. Se pierden muchos millones de mangos. De cada diez discos legales, se venden ocho truchos. Con la estampilla pagás el impuesto adelantado y yo me aseguro de que el que vende discos sin estampillas está afanando y lo puedo denunciar. Pero acá, las denuncias no las contesta nadie. Hay una mafia grande





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Diario La voz del Interior - 8 de noviembre de 2001 - Por Germán Arrascaeta


Jueves 8 de noviembre de 2001

José Larralde: El folklore de la indignación
Por Germán Arrascaeta
Diario La Voz del Interior
Mañana Jueves 8 de noviembre de 2001, en el Teatro Comedia (Rivadavia 254) y desde las 22, el cantor José Larralde presentará A las 11 - 1/4, su último disco.

A la fecha, no había hablado con la prensa del interior sobre esta obra publicada hace dos años.

De todos modos, en el inicio de la entrevista pactada con La Voz del Interior, elude cualquier guiño promocional anticipándose a la formulación de la primer pregunta y lanzando un lamento por las inundaciones. “Son millones de hectáreas bajo el agua, es una guasada. Se ha perdido las cosechas, hay tipos que se están suicidando”, dice el “decidor” y la redundancia vale por sí misma.

Y sigue monologueando sin patrón y apocalíptico: “El peor error que cometen los gobiernos –agrega–, es pensar que la república Argentina es Buenos Aires. Ese es el drama. Y lo que más bronca me da es que la que llega al poder es gente del interior. Llegan a Buenos Aires y no sé qué les pasa. Creen que están en el umbligo (sic) del mundo, y el umbligo es el campo. Podemos manufacturar muchas cosas para exportar, pero en lugar de darle un ayuda a la gente que tiene el potencial, no, se les remata los campos, los bancos aprovechan. ¿Y quiénes se quedan con los campos? Los que tienen mucha guita. No hay quien revierta esto. No entiendo”.

–¿Alguna vez lo entendió?

–Antes pensaba de que se habían equivocado, como en la época de (Raúl) Alfonsín que tuvo una hiperinflación (ayudaron a que la tenga) y uno pensaba que los despelotes eran pasajeros porque, al fin de cuentas, se sabía que el despertar a la democracia no iba a ser tan fácil. Después llegó Carlitos (por Menem), vendió el país y nadie sabe dónde está la guita. ¡Resulta que el honor de los argentino es tener a un ex presidente preso! Está jodido por todos lados. ¿Qué le puedo decir a mis hijos? Si quiero evitar que se vayan afuera, me pueden decir con todo derecho “mirá el país que me dejaste”.

– “A las 11 - 1/4” es consecuente con su obra por ser un disco áspero, nada concesivo. Pero queda la impresión que en él usted habla más de sí mismo. ¿Es así?

–En realidad, siempre escribo para mí. Después si lo mío se difunde y llega a otro tipo, macanudo, somos dos los que pensamos igual. Yo no puedo escribir desde el lugar de otro. Lo mío es muy personal, muy de las tripas. Tenés que estar con los faroles encendidos siempre. Entonces, siempre es íntimo lo de uno. Siempre lo fue.

Acerca de la nostalgia

Pasan los años y las tendencias y a Larralde lo sigue inquietando una sola forma de hacer las cosas: agarrar su guitarra, deslizar verdades y arrimar angustias propias y ajenas; todo, con voz firme pero sin levantar.

Aunque esa metodología el folklore hegemónico la toma como precaria, José Larralde no se ubica del lado de los nostálgicos. Asegura que su arte puede remitir al pasado por su construcción pero no por lo que dice.

“Una cosa es tener recuerdos y escribir en base a ellos, porque eso me permite saber dónde estoy parado y saber quién soy, y otra es ser nostálgico. Por supuesto que tengo nostalgia. Estoy tomando mate en casa y me acuerdo del arroyito, de mi viejo. Pero no vivo de la nostalgia ni pensando que otros tiempos fueron mejores. Siempre hubieron tiempos jodidos, pero éste es especialmente jodido”, sostiene.

Así es José Larralde en situación de entrevista. Una respuesta sobre un tema “x”, ineludiblemente desemboca en un estuario de bronca. La respuesta anterior, llegó al siguiente remate: “Una deuda de 150 mil millones no se paga nunca. Salvo que venga Copperfield o Jesús. Es que el gobierno primero se preocupa porque los números estén bien y después piensan en la gente. ¡¡¡Pero si este país es su gente!!!”

“Lo digo en el escenario, a veces, le he perdido la fe a los políticos y a los que no son políticos también. Cada vez que jura un ministro, el tipo se convierte en un chanta porque lo hace ante Dios y los santos Evangelios sabiendo que está mintiendo. Sabe que todo lo que dice es mentira. Se limpian la cola con la Constitución. El artículo 14 no se cumple. Y no me diga que esto es un desacato”, añade.

–A propósito de “desacato” hace unos días tipificaron como delito a una expresión de un dirigente de la Epec que dijo que iba a quemar la empresa antes de que la vendan a manos privadas.

–¿Apología del delito le ponen? Pero si el tipo recurrió a una metáfora. Las autoridades entienden lo que les conviene. Lo dijo como argentino, no está mal. Se supone que no va a quemar la fábrica.

Monólogo de la cocina

–Cambiando de tema, ¿va a estar en los festivales?

–En Cosquín seguramente no voy a estar. No me interesa porque mi trabajo es otro. Los festivales son para que la gente se divierta, la pase bien, revoleé el poncho, tome gaseosa, qué se yo. Lo mío es para un lugar cerrado, donde pueda decir con la luz prendida. Me gusta verle la cara al público. Si vale la paradoja, lo mío es un monólogo compartido. Es una cocina grande donde se juntan los amigos, los parientes y los vecinos. Un espacio en el que cada uno saca su conclusión. Lo mío no es show, ni concierto, ni un espectacular. Es sólo una guitarreada, donde un tipo dice cosas con las que se puede estar, o no, de acuerdo.


Desocupado por opción


–En las “11 - 1/4” está la canción “El alpedero, su mujer y alpedito”. ¿A qué refiere esa historia?

–Es un personaje común. En mi caso, hasta los temas que pretenden ser alegres tienen un dejo de tristeza. Cuando el al pedero se muere, la mujer llora su ausencia. El alpedero no tiene trabajo, pero aunque haya laburo está al pedo. Es parte del paisaje. Lo más lejos que llegó en la vida es a la vereda. El alpedero son de esos tipos que están tomando mate con la silla al revés para no cansarse. Y en alpargatas rotosas. Estos tipos siempre se consiguen unas minas que los banquen. Y lo más lindo es que la mina los quiere. Y uno que hace todo en la casa lo tienen zumbando (risas).

–¿Y ahora? ¿Está componiendo? ¿Sobre qué?

–Sí, estoy componiendo. Y sobre lo que me sale, hermano. Lo digo en las A las 11 - 1/4. Hay veces que das vueltas seis meses con el lápiz y no pasa nada porque el angelito no aparece. Y yo lo único que hago es escribir lo que dicta el angelito.





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Diario La Nacion - 08 de Mayo 2000 - Por Gabriel Plaza


Sección Espectáculos Diario La Nación | fecha de publicación 08.05.2000

José Larralde
Solitario por elección

Uno de los grandes de nuestro folklore prefiere seguir alejado de las luces del centro y concentrarse en su cancionero surero.

Todos los días José Larralde se levanta a las cinco de la mañana: "Una costumbre -cuenta- que me quedó de cuando laburaba en el campo". Se prepara un mate, se pone a hacer algunas cosas de la casa, lee el diario, esboza alguna letra, agarra la guitarra y piensa en milonga.
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Sale poco de la casa que tiene en Avellaneda, donde vive con su mujer, treinta años menor que él, y sus dos hijos. Se moviliza cuando tiene algún recital o cuando tiene que ir a grabar un nuevo disco, sobre todo ahora que una hernia de discos lo tiene a mal traer. Prácticamente no se presenta en los teatros céntricos.
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José Larralde mantiene a rajatabla su condición de cantor orillero, nacido en Huanguelén, 200 kilómetros al sur de Bahía Blanca, al que vuelve desde sus canciones y recuerdos:"Yo conocí mi pueblo cuando me fui. Empezás a extrañar las piedritas, los huellones, el barro, el arroyo; y no es nostalgia, es empezar a conocer simplemente las cosas en las que uno no se había fijado antes".
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Larralde contiene en su decir la soledad de la llanura pampeana; aprendió en los boliches los secretos de la milonga surera y heredó la tozudez de su ascendencia vasca y árabe. El aspecto de patriarca folklórico, que enmarca una espesa barba blanca, los gestos chúcaros, la voz gruesa, el lomo ancho y robusto, la mirada penetrante y las definiciones sentenciosas, forjaron esa imagen de artista insobornable y auténtico, en el transcurso de estos 56 años con la música.
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Pero el músico le escapará a la mitificación de su figura. "Yo en realidad no le canto a la gente. No le canto a nadie. Canto lo que viví y lo que veo vivir. Canto para mí. No soy personero de nadie, ni represento a nadie, no se vaya a confundir. Soy un solitario, cuento mi vivencia y las comparo con las cosas de ahora, porque vivo ahora. Soy un tipo que les dice a sus hijos: "No olviden que de la puerta para afuera vive gente"", deslizará después en la charla con La Nación .
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Larralde encarna un fenómeno atípico desde hace años. Tiene un séquito de seguidores que casi sin promoción llena los lugares donde actúa o compra religiosamente sus discos.
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El último trabajo "A las 11 y 1/4", ya es disco de oro, y la fórmula fue simple. "Lo hice en dos horas y de primera toma. Agarré un par de cosas escritas que tenía en un cajón y a algunas les puse música en el momento. Por eso cuando me presento en vivo les pongo otros acompañamientos. Nunca es igual. Las toco de acuerdo con cómo lo siento."
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No le gusta hablar con la prensa capitalina, pero está siempre dispuesto para ser entrevistado por una revista o una radio independiente, a diferencia de otros artistas. Aunque cuando Larralde invita a una charla, mate por medio, no hay horarios, ni preguntas difíciles. "Preguntá lo que quieras, porque cuando hablo, hablo de todo", arranca José Larralde, que se muestra de buen humor y cuenta, sin rodeos, buena parte de su vida.
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-Esa hernia de discos que lo obligó a suspender algunos recitales, ¿es por el castigo que le dio al cuerpo antes de comenzar a cantar?
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-¡Uooohhh! -exhala y hace un gesto ampuloso con las manos- A lo bestia. Antes se trabajaba diferente que ahora. Había que laburar de sol a sol, así que se trataba de quién hacía más brutalidades. Quién llevaba más bolsas, quién araba más, quién ponía más postes, quién hacía más pozos para los alambrados. Era una competencia entre nosotros; el patrón, contento. Era como que eras más hombre si corrías más en el laburo. Después ganabas lo mismo.
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El primer trabajo rentado lo tuvo a los 6 años. Le daban 20 centavos de níquel por ir a buscar el caballo del almacenero a un potrero detrás de una cancha."El caballo se me mataba de risa. Me miraba y corría entre los cardos, bien temprano cuando estaba lleno de rocío. Me mojaba hasta el cogote y cuando recién estaba bien mojado el animal se dejaba atar. Todas las mañanas así. Por eso me daban las 20 guitas y un puñado de caramelos. Con eso te comprabas un kilo de caracú y los fideos para hacer un buen puchero. Así que prácticamente ya me ganaba la comida a los 6 años."
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Larralde es de una época en que ser pibe era toda una contrariedad. La escuela estaba en un segundo plano, y nacer en una casa humilde marcaba el destino de cualquiera. "La educación no tenía nada que ver. Al patrón no le importaba si eras un filósofo o un croto. A él lo que le importaba era que laburaras. Uno nacía, se criaba y sabía que lo único que tenía que hacer era laburar. A nadie que no fuese de familia bien se le habría ocurrido ser médico o veterinario. Y como eso era mayoría, era normal. Nadie tenía otras ambiciones. Hoy es diferente: podés estudiar, no estudiar, ser un chorro o un intelectual."
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-¿Y usted sabía que quería hacer otra cosa?
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-Mirá, siempre trabajaba en los tractores o de alambrador, muerto de frío, sin morfi y sin saber si había otra cosa. Pero también sabía que ahí no me iba a morir. La meta mía no era eso. Yo, ya a los 22 años me había hecho mi rancho. Me había comprado un lote, y con mis manos levanté una casa con ladrillos de tercera en mi pueblo. Me sembraba mis verduras y mis cosas, y cuando salí de la colimba al año tenía el rancho. Pero yo pensaba que iba a hacer lo que quería: estudiar, aprender a tocar la viola, escribir... porque escribí siempre... No sabía si ésta iba a ser mi carrera, pero era mi vocación.
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La mirada se le pierde. Prende un cigarrillo, el séptimo de la mañana denuncia una marquita en el atado, y confiesa: "Yo fui cantor desde que nací. De chico comencé a escribir muchísimo, rompí y quemé cosas a montones. Nunca pensé que alguien iba a pagar una entrada para verme o que iba a grabar un disco. Jamás lo pensé. Yo admiraba a los cantores como Gardel, pero nunca pensé que iba a llegar a algo. Hasta ahí no llegaba mi ilusión: se trataba que yo no podía vivir en un lugar cortando surco continuamente. Así la peleé, la peleé y la peleé hasta que me vine a Buenos Aires, por el sesenta y monedas, a vivir en una villa. Salía de un lado y me metía en otro, laburaba como un preso. Y bueno, acá estoy".
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Antes que Jorge Cafrune y el público de Cosquín lo descubrieran en 1967, el cantor había pasado por todos los oficios posibles. "De lo que me puedas preguntar, trabajé. De repente iba de alambrador, o trabajaba en la cosecha, o me metía de catango en el ferrocaril. Salía de ahí y me metía limpiando zanjas en una fabriquita. Al final no tenía título de nada, pero gracias a todo esto que aprendés no te morís de hambre, te la rebuscás en todos lados y todo eso te sirve."
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Larralde consiguió trasladar vivencias propias y ajenas a lo largo de más de 30 discos editados y más de 600 composiciones, muchas todavía inéditas. "Tengo 62 pirulos y si no hubiera hecho todo lo que hice no podría escribir lo que escribo, ni podría hacerlo con cierta autoridad. A mí nadie puede pararse en una sala a decirme usted está mintiendo. Nadie. Mi mejor testigo es la gente que conoció eso... De ahí puede ser que uno tenga algunos seguidores, porque ven reflejada su propia vida en las cosas que uno cuenta."
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El extraño sortilegio que el cantor surero despierta en vivo se apoya en su capacidad para llamar a las cosas por su nombre. "Me dan bronca los tipos a los que desde el jardín de infantes nosotros les estamos pagando los estudios hasta que se reciben de abogados en la facultad y después son diputados, senadores o presidentes y hablan detrás de los escritorios de los problemas de la gente sin tener noción de las que pasa el laburante."
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-¿Concuerda con alguna de las etiquetas?
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-Nooo. Nunca fui peronista, comunista, anarquista o desestabilizador. Peores cosas dicen las noticias frescas a lo que puedo decir en una canción y sin embargo nadie se asusta. Eso es lo que nunca entendí de los militares. Se dieron el lujo de hacerle la guerra a Inglaterra, los más poderosos del planeta, y después le tienen miedo a un cantor y lo prohíben. ¿Cómo puede ser? ¿Es más peligroso un cantor, una canción, que todo un ejército?
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-Será que le tenían miedo a la verdad de sus canciones...
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-Yo creo que es ignorancia. Aquel que le tiene miedo a la palabra es un pobre tipo. Posiblemente lastime más una palabra que un cuchillo. Un arma te puede quitar la vida, pero no las ideas.
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Gabriel Plaza
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Algunas frases
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En la extensa charla, este decidor de verdades vuelca algunas frases que completan parte de su universo. Un auténtico pequeño diccionario Larralde ilustrado.
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Soy enemigo de los eufemismos porque se entra a hipocresía. Si tengo que decir una mala palabra la digo. Se ofende mucho menos siendo directo.
¿Tener miedo de disentir? ¿Cómo le voy a tener miedo a un tipo que piensa diferente? Lo más importante en la vida es poder intercambiar ideas. Dejame decir lo que pienso y siento. Eso es la libertad.
Soy un fanático del tango. No existe otra cosa. Todo lo que te puede pasar en la vida está en un tango.
Yo pongo el sentimiento en una milonga, como un salteño lo pone en una zamba y un santiagueño en una chacarera.
No me interesa ir a Cosquín. Fui dos veces y no quise ir más porque no me saca el sueño. Es el padre de todos los festivales, pero también es el padre del manoseo al artista y de la digitación, que en otros festivales no existe. El artista está ahí para cumplir con un contrato y tiene que gritar lo más fuerte posible porque cantando más fuerte parece que cantara mejor.




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Diario Clarin - 10 de Noviembre de 1999 - Por Gabriel Senanes


"Mi viejo está chocho"

Julian Larralde

Es el hijo de José Larralde, el agreste cantor surero.
Pianista de conservatorio, se dedica al tango. Y está estudiando dirección orquestal.


¿Cómo fue que te convertiste en un músico de tango?

En casa por supuesto que se escuchaba mucha música popular. Y siempre nos gustó el tango, desde chicos. Pero también me gustaba el chamamé. Mi viejo me hacía escuchar al viejo Tarragó, Montiel, Isaco Abitbol y Tránsito Cocomarola. Tanto es así que incluso se me dio por tocar un poco el acordeón.


Nada de música clásica, por ahora...


Mi vieja tenía algunos discos de valses vieneses, de Strauss hijo. Pero además, mi papá tenía algunos discos clásicos que le regalaban en la compañía grabadora. Y así, por curiosidad, empecé a escuchar cosas de Beethoven y Chopin, que me transportaron completamente. Sentí que eso era lo mío. Y empecé a comprarme yo mismo los discos que me gustaban, a medida que iba conociendo o escuchando otras cosas por la radio: Bach, Liszt, Brahms, Ravel, Debussy, Bartok, Stravinski, todos los grossos. Tendría unos 11 años.


¿Y cómo pasaste a la acción?

Mi viejo tenía un tecladito, donde yo tocaba algunas cositas de oído. También tenía un acordeón, y lo toqué un poco. Además, en el colegio aprendíamos un poco la guitarra. A los 13 años empecé a estudiar música. Con el tecladito aquel tomé mis primeras clases, hasta que mi viejo me compró un piano. Pero ya cuando tocaba ese teclado, yo sabía que mi instrumento era el piano. Empecé con un profesor particular y en el 95 entré en quinto año del Conservatorio Nacional. Lo terminé en el 97, y ahora estoy por terminar el curso de dos años de dirección orquestal, porque siempre me atrajo dirigir.


¿Dónde vivís?

Vivo en Avellaneda, con mi mamá. Mis viejos se separaron hace unos ocho años.


¿Y cómo se armó tu dúo tanguero de flauta y piano?

Al flautista, Adrián Altamura, lo conocí justamente en el Conservatorio. Nos hicimos amigos y nos fuimos, con otros amigos, de vacaciones a Santa Teresita y Santa Clara. Ahí conocimos a gente que organizaba conciertos, nos prestaron el piano de una biblioteca de la Municipalidad y nos invitaron a tocar. Entonces escribí de memoria las partes y nos largamos a tocar en Gesell y otras playas. Como vimos que a la gente le gustaba, decidimos seguir. Pero se nos complicaba conseguir laburo sin un material grabado. Además, un CD te da otra imagen. Por eso en agosto nos pusimos a grabar. El disco, A los tangazos, salió hace menos de un mes, y ya nos abrió algunas puertas: en Radio Nacional y otras radios, todos los domingos de este mes en Tangoteca, en Puerto Madero y en la Facultad de Ciencias Económicas.


¿Y qué dice tu papá?

Mi viejo está chocho. Además, siempre le gustó el tango. Mi hermano mayor se llama Carlos Romualdo por Gardel. El viejo nos ayudó en todo, y nos aconsejó cómo actuar en público y en la elección del repertorio. Hacemos mitad Piazzolla, y el resto son milongas y guardia vieja, como Canaro o Villoldo. Le gustan mucho mis arreglos, que por mi formación tienen mucha influencia de la música clásica. Aïn en los tangos de la guardia vieja que tocamos hay un filtro que tiene que ver con lo clásico. Sin perder el alma de cada tema o ritmo, incorporamos cosas que los enriquecen. Piazzolla se presta a eso de por sí, porque metió muchas cosas clásicas en el tango.

Muchacho de pocas palabras, Julián es aún más parco si hablar de su padre se trata. Evidentemente, el joven heredero clásico-tanguero de José Larralde no quiere explotar su apellido y prefiere hacer su propio camino sin bastones ni padrinazgos.


Tu padre es un músico intuitivo, hace folclore y toca la guitarra. En cambio, vos estudiás en el Conservatorio, hacés tango y tocás el piano. ¿Nunca discutieron por cuestiones musicales?

No, para nada. A veces mi viejo me pregunta cosas sobre música clásica y sobre los distintos compositores. O yo mismo saco el tema y me pongo a hablar, porque cada cual saca el tema que más le gusta. En general nos colgamos de lo lindo y terminamos charlando de filosofía, yéndonos por las ramas. Qué sé yo, vos sabés cómo es el viejo...




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Diario Clarín - 12 de Noviembre de 1996 - Por Mariano del Mazo


La imagen parece recortada de una postal barata de algún quiosco de la calle Florida: un señor de barba tupida, mirada torva, tomando mate. Faltaría un ombú y la leyenda Recuerdo de la pampa argentina para que la estampa gauchesca redondeara un perfil definitivo. Pero no. La imagen es falsa, y José Larralde no está hablando ahora de siembras, boliches y cuadreras sino de su pasión por las películas de Van Damme, Schwarzenegger y Stallone y las canciones de José Luis Perales, de los tiempos en que se psicoanalizaba y del amor profundo que siente por el tango. Larralde no deja de ser un personaje sorprendente. Nacido en Huanguelén, un pueblo ubicado en la provincia de Buenos Aires, a 200 kilómetros de Bahía Blanca, cumplió todas las divisiones inferiores de las tareas rurales, empuñó una guitarra y se transformó, como él mismo aclara, "en guitarrero y cantor". Fue, además, mecánico y soldador eléctrico y poco antes de cumplir los 30 vino a probar suerte a Buenos Aires. "He corrido la coneja durante largos años. Viví en cuartuchos en los que, cuando entraba, tenía que dejar la sombra afuera. Siempre tuve que trabajar duro para comer. Aun hoy".

Dice entonces que no puede dejar de cantar porque si no "no come". "Antes era menos difícil. Me llamaban de todos lados. Pero ahora tengo que ir yo a buscar trabajo. Y no me molesta. Lo mío es andar por los caminos, cantando en ciudades y pueblitos. A veces actuando para muy poca gente. Pero bueno, no todo pasa por los grandes teatros. Algunos creen que porque no aparezco en los medios, o no canto en la calle Corrientes, no existo. Mi trabajo principal está en el interior, donde le canto a la gente lo que recién le ocurrió, lo que hizo exactamente antes de ir al teatro: arar la tierra, compartir una rueda de mate. Por eso me escuchan, porque les canto lo que les pasa".

"El hecho de que usted viva en la ciudad hace ya casi 30 años, ¿no modifica el contenido de sus canciones?"

"No. Porque yo la pasé. Es absurdo pensar que para tener autoridad hay que quedarse a vivir toda la vida en el campo. Mirá cómo tengo las manos. Yo hice de todo. Y cuando veo a un albañil haciendo una pared, sé de qué se trata. No me la contaron. Está bien, uno vive en Buenos Aires. Prende la radio o la tele y aparece el caso Coppola, y estas pobres pibas. Todo es un gran burdel. La gente sencilla ve todo ese espectáculo, pero después tiene que ir a laburar, o a buscar laburo. Esa es la gran mayoría que viene a mis recitales".

"A veces no sospecha que en medio de ese "gran burdel", como usted define, su canto se torna algo ingenuo".

"No sé... Yo hago lo mío con honestidad. Puede ser que parezca ingenuo lo mío ¿no?, como si yo fuera un troglodita. Qué sé yo, digo mis verdades. No le soluciono los problemas a nadie. Jamás me bancó ningún ente estatal y dependo de mis pobres huesos para no cagarme de hambre. Es verdad, a veces me siento un cantor ingenuo. Lo que canto es menos duro que la realidad. Y te puedo decir que sufro los mismos problemas que la gente".

"¿Por ejemplo?"

"Tengo dos hijos desocupados. Uno tiene 32 años, es laboratorista y lo echaron como un perro sin pagarle indemnización después de trabajar 16 años en una fábrica. El otro tiene 20, estudia en el Conservatorio Nacional de Música y tampoco consigue nada. Se la rebusca con algún alumno. Y mis amigos, que están todos tirados. Y yo, que si me enfermo estoy sonado".

Larralde vive en San Martín, tiene tres matrimonios y tres hijos. Su hijo laboratorista se llama Carlos Romualdo "por Gardel"; el músico, Julián "por el poeta lunfardo Julián Centeya" y el menor tiene un año y un nombre mapuche: Lautaro Huanguelén. Por ellos, dice Larralde, "no me suicidé".

"¿Cómo?"

"Fue hace cuatro o cinco años. Yo estaba en un pozo depresivo terrible. Pensé: bueno, agarro un bufoso y chau. Después me di cuenta que de ese modo le cagaba la vida a mis hijos".

"¿Cómo salió de ese estado?"

"Fui a una psicóloga. Era bravo, porque cuando uno está deprimido no sabe contra quién pelea. Las causas deben estar en lo más profundo del inconsciente. Pude salir por los amigos, por mis hijos y por la que es hoy mi señora".

Hincha de Independiente, con sangre árabe y vasca y 59 años, Larralde se presentará este fin de semana en el Coliseo. Va a cantar las canciones de siempre y, sobre todo, las de Como quien mira a una espera, el álbum con el que volvió a grabar después de 10 años. "Anda bien el disco. Creo que vendió algo así como 40 mil unidades. Si lo comparo con otros discos es nada: cuando salió Herencia para un hijo gaucho, por ejemplo, vendió 270 mil en una semana", dice.

Cuando se pone a recordar, a Larralde le brillan los ojos. Evoca con curioso cariño cuando "vivía cayendo preso en las comisarías". El cargo más común era la portación de barba. "Corría la época de Onganía. Yo recién había llegado a la ciudad, vivía en Sarandí y era un tiernito. Estaba harto de dormir adentro. Hasta que un día, por diversas circunstancias, me hice amigo del comisario de la segunda de Lanús. Un buen tipo. Le conté mi problema, y me hizo una autorización para usar barba. El papel decía: "El ciudadano José Larralde es artista, y los artistas pueden usar barba y pelo largo".

Recuerda Larralde. Y sigue: "Soy un asco de nostálgico. Y llorón. Hay cosas, por ejemplo, que no puedo escuchar. Es el caso de José Luis Perales, el gallego. La dulzura que tiene este tipo cuando canta es increíble. Yo creo que hace tango. Bah, creo que no te puede pasar nada en la vida que no esté en el tango".

"¿Nunca pensó en cantarlos?"

"No, hay gente que lo sabe hacer bien. Grabé Afiche en el último disco, pero como una travesura. En mi casa tengo un piano y ahí sí que me largo a tocar tangos. La yumba, Derecho viejo... Me gusta mucho Julio De Caro. Y como cantantes Gardel, Corsini, Charlo. Y Rosita Quiroga, Nelly Omar... quizás hagamos algo juntos con Nelly".

"De folclore nada..."

"A mí me llaman folclorista... No sé... yo soy cantor orillero. Y me gustan el Turco Cafrune, Atahualpa, Zitarrosa, y también Beethoven, Sinatra, Aznavour, Los Beatles. Me gusta Sandro, me parece un lindo atorrante. Pero mi música es el tango".

"Tiene algo en común con Sandro: el misterio".

"Sí, no me gusta dar notas. Mis opiniones están en el canto. Es verdad, tenemos algo en común. El también es orillero, canta mucho en los suburbios. Mi mujer enloquece por él..."

Sigue hablando José Larralde. Conversa suave, sin apuro, con una zeta arrastrada bien de paisano. Habla en un lunfardo intenso: dice bolacear, o La Federica para referirse a la Policía. Dice que se levanta todos los días a las cinco de la mañana, y que escucha los informativos de la radio mientras baja pavas y pavas de mate. Dice que enloquece con las películas de acción, "esas de Van Damme, Schwarzenegger y el Rambo", y que se "muere de risa" con los sketches de Susana Giménez y Emilio Disi de Hola Susana. Y dice que tiene los huesos cansados. "Ya estoy grande..."

"Le tiene miedo a la vejez..."

"No tanto. A lo que le tengo miedo es a volverme un viejo choto".

Por Mariano del Mazo





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Octubre de 1996, Buenos Aires, República Argentina - Diario Clarin Digital


Desencuentro a solas

El sábado 5 de octubre iba a ser emitido por ATC el programa Reencuentro a solas, que conduce Hugo Guerrero Martinheitz y que tenía a José Larralde como invitado principal. Pero a último momento el peruano decidió no poner al aire ese programa previamente grabado. Larralde cuenta qué fue lo que ocurrió.

"No sé qué le pasa a este hombre. Primero, en cámara, se deshizo en elogios hacia mí. Bueno, la cosa siguió, y se dijo que había que sacarlo a Neustadt. Yo agregué que me parecía que eso era fascismo, y que al que no le gusta Neustadt que cambie de canal. Después Martinheitz se la agarró con Mirtha Legrand, y que los almuerzos, con el hambre que hay, son pura ostentación. Es decir: él sacó el problema de la miseria. Yo le señalé que cuando veo a Mirtha no me fijo ni en la vajilla ni en lo que se come, sino en los invitados que hay. A esa altura ya había un ambiente raro." "Pero siguió. Me trató de demagogo. Me la banqué. Pero él seguía. Y se puso a criticar a Serrat y a Mercedes Sosa, y a las `idioteces que cantaban. Yo me quedé callado, no podía creer lo que estaba escuchando. Estaba incómodo, puse cara de póquer y esperé. Apenas se dirigió a mí lo paré. Y le dije que no podía seguir hablando sin antes aclarar algunas cosas. Que lo que opinaba de Serrat y Mercedes Sosa también me cabía a mí. Y que mientras algunos cantaban La felicidad y esas cosas, al menos Serrat cantaba los problemas de su pueblo. Y que eso a muchos les costó el exilio, y hasta la vida. Entonces Guerrero dijo que sí, que por culpa de ellos murió tanta gente. Una cosa terrible. Luego empezó a criticar la hiperinflación. Yo dije que el país no se había detenido en la híper, que habían pasado cosas en todos estos años. En un momento, me da el reloj y me dice: `Tomá, terminá el programa vos. Así fue la cosa. Y lo que más bronca me da es que el programa no tiene un solo aviso publicitario. Se lo bancamos nosotros."




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La Maga, 2 de agosto de 1995


Después de diez años, José Larralde volverá a pisar un estudio de grabación durante agosto para registrar su primer álbum para DBN, la distribuidora que también editará el disco. A los 57 años, con dos hijos y uno en camino, 12 millones de discos vendidos desde fines de la década del 60, Larralde sigue recorriendo las orillas de la ciudad con sus canciones. Reivindicado por algunos rockeros y protestón desde siempre, el autor de Herencia para un hijo gaucho no se resigna a que "el que dice las cosas que siente" sea acusado de algo. "La única forma de mantener una democracia es diciendo lo que se siente, ejerciendo el derecho", sentencia.
"Soy un eterno rezongón contra las políticas que hacen mierda al país y a la gente"

-¿Por qué pasó tanto tiempo sin grabar? ¿Y qué motivo hubo para volver a grabar después de tanto tiempo?

- Hace diez años. No grababa porque no había mucho interés de las compañías grabadoras, y mío menos porque si bien tuve muchas ofertas, yo quería que mi obra fuera más o menos respetada, que se difundiera, o que por lo menos cuando un tipo quiere pasar mi tema por la radio, tuviera el disco. Y como nadie me garantizaba eso, preferí no grabar hasta que se dieran condiciones aceptables. Ahora apareció una distribuidora, DBN, y bueno, me aseguraron una distribución y una difusión aceptables. Inclusive cuando voy a hablar con alguien, hablo con el dueño del circo, con el dueño de la empresa, no como en las multinacionales, donde nunca hay nadie, te atiende la señora de la puerta y te pregunta "¿De parte de quién?". Yo había tomado como una rebeldía el hecho de no grabar. Pasa que nadie te hace pata en esto. Si todo el mundo hiciera lo mismo revertiría un poco esto, se preocuparían un poco más por nosotros. Pero vos lo hacés y los demás no lo hacen, así lo que conseguís es quedarte cada vez más solo. Además todo el mundo está desesperado por grabar, porque si no grabás no trabajás, desaparecés de los escenarios, así que bancarse diez años sin grabar es bastante complicado, nadie te llama para trabajar. Mucha gente piensa que yo no canto más, que vivo de rentas o me dedico a otra cosa. Y además tenemos la idea de que si no estás en la calle Corrientes no existís. Y el país tiene 5.000 kms de largo. Entonces nosotros andamos continuamente por el interior, en la provincia de Buenos Aires, e incluso en la Capital mísma, pero en las orillas, en los barrios, Flores, Belgrano, toda la periferia.

- Usted vendió entre 12 y 15 millones de discos. En otro país probablemente un artista que vende esas cifras viviría muy bien...

- Lo que pasa es que yo estoy grabando desde el año 67, y en una época andaba bien, cobraba bien. Es que nunca sabés en realidad cuánto vendiste. Vas a la compañía y cobrás lo que te dan, y hay un montón de papeles que tienen cifras y códigos que no entendes, y nunca sabés lo que vendiste, no podés ir casa por casa a averiguar cuanto se vendio. Hace muchos años hable en Sadaic para evitar esto. La DGI puede evitar todo eso. Tenemos un gran problema de piratería, hay casas que se dedican a hacer grabaciones truchas. Y yo había propuesto algo sencillo: estampillar el disco y el casete, y que esa estampilla la fabrique la Casa de Moneda; esa estampilla debe tener el número de Cuit, así que la compañía grabadora compra 10.000 estampillas para editar 10.000 discos míos y ya con esa estampilla pago los impuestos. Y así, cuando un inspector de la DGI va a una disquería y un casete o un compacto sin la estampilla mía, descubre que estan pirateando. Sadaic cobraría los derechos de autor, yo cobraría lo que corresponde en ventas por la grabadora, la DGI cobraría correctamente, la compañía grabadora no tendría esa competencia desleal, la gente compraría material bueno y no de mala calidad, y se limitarían todos los problemas. Pero no se por qué no lo quieren hacer.

- Da la sensación de que las grabadoras, las editoriales, todas las empresas vinculadas con lo artístico, de alguna manera se aprovechan de la población. Saben que el artista finalmente no canta para ganar plata sino por otra cosa...

- Claro, y ese es el gran problema que tenemos los que hacemos este tipo de música. Venímos del interior, no sabemos nada, por ahí tenemos la posibilidad de grabar un disquito y nos vamos de cabeza y las compañías grabadoras nos tienen por varios años con un dos por ciento, tres por ciento del precio del disco con contratos leoninos. Cuando te avivás decís "Bueno, no grabo más", pero al final todo el mundo necesita tener un disquito para poder seguir estando en cartelera, la gente afloja. Sabés que con el disco te la rebuscás, pero no te vas a hacer rico con el disco.

- ¿Cuál es la razón por la que prefiere los barrios antes que el centro para dar sus conciertos?

- Y, será porque soy medio orillero, mi canto es orillero... Eso no lo manejo yo sino la empresa donde trabajo... Pero también manejo yo un poco el asunto: cuando me hablan de trabajar en la calle Corrientes yo medio me asusto.

- ¿Por qué?

- A mí siempre me fue bien, pero no sé, prefiero trabajar en los barrios, en el interior... Le tengo un poco de miedo a la calle Corrientes. Aunque la gente es la misma, porque la gente que viene al Ópera es la de los barrios. Pero es distinto... Por ejemplo, al centro yo vengo cuando tengo que registrar una obra o cuando tengo que venir a la oficina, pero si no medio que le disparo, soy medio chúcaro todavía. Cada vez que me hablan de trabajar en el centro y acepto, quince días antes estoy que no duermo, tengo afonía, me agarra alergia... Y no es por la cantidad de gente porque en el interior se canta en teatros también muy grandes. Es el temor a que no te salgan las cosas bien. Me siento más en mi salsa cantando en lugares más sencillos: en un galpón, en un club de barrio, en un cine. Cuando yo trabajaba en el centro y veía las marquesinas, el nombre mío grandote, la foto, yo me asustaba, me parecía que la gente me estaba viendo, que es una cosa de otro mundo... Yo creo que en eso hay una especie de complejo de inferioridad. Pese a mi aparente arrogancia yo siempre fuí tímido. Yo creo que es un poco eso: "¡Cómo voy a estar yo en el centro, en el Ópera...!". Y costó que me convencieran, hasta que dije que sí fue un drama, y después me agarró todo: colitis, alergia, angina, no dormía, me volvía loco. La primera vez fue muy inconsciente, vino un tipo y me dijo: "José, ¿no querés cantar en el Ópera?". "Sí, fenómeno." Yo no tenía ni idea de lo que era la calle Corrientes, era del campo. Me acuerdo que me pago un montón de plata el tipo... Después de que firmamos el contrato, le dije: "¿Qué es un recital?", y me dijo: "Lo mismo que haces todos los días pero un poco más largo". Y canté a las diez de la mañana, un domingo; se cortó el tráfico, era un despelote de gente. Lo hice inconscientemente, a punto tal que empecé a las diez de la mañana y terminé a las dos de la tarde, no terminaba nunca, la gente pedía más y yo le daba, no tenía noción de los tiempos ni cuanto tenía que estar, hubo bronca con la gente del teatro porque tenía que empezar la película de la tarde y yo estaba todavía arriba del escenario... Lo de la colitis fue después, cuando empecé a tomar consciencia de lo que era un teatro, de lo que era el público, la prensa... Posiblemente sea eso también: cuando tocás en el centro, más que para el público uno tiene que actuar para la prensa... La prensa al interior no va, es muy lejos, cruzar la General Paz es incómodo. Van a los teatros del centro y a veces el que va a hacer de crítico no entiende un pito de lo que uno hace, y confunde con politiquería, con chabacanería porque uno cuenta ciertas cosas, y además lo que hago yo está tomado como una cosa de segunda, no es arte de primera. Una vuelta estuve en Flores y estuvo conmigo Damasio Esquivel, un artista de chamamé que es la máxima figura que tenemos. Y una periodista puso en el diario que yo había aparecido "después del bochinche de un conjunto de chamamé". Es una falta de respeto total porque no tiene ni la más remota idea de que es el chamamé ni quién es esa persona, que es un patriarca de la música del Litoral. No es que tengan que hablar bien de mí, pero una vuelta vinieron de una revista importante a hacerme una nota, y el tipo antes de hacerme la nota me dijo: "Por favor, me podría decir primero usted que hace". Esto habrá sido en el 68, para la revista Siete Días o Gente, una de esas. Y le dije: "¿Cómo que qué hago?. "Y sí - dice el tipo -, porque mire, yo en realidad me dedico al turf, pero me mandaron a hacerle una nota a usted..." Entonces le dije: "Mire, en primer lugar yo no soy un caballo, y en segundo lugar, con todo respeto a su profesión, váyase a la mierda. Es una falta de respeto venir a preguntarme qué hago para después preguntarme sobre lo que yo le digo a usted". Si al teatro viene una persona idónea, que sabe mi repertorio y por qué canto eso, qué es un alambrador, qué es levantar una cosecha, si un tipo está preparado para hacer una crítica, me parece bien que hable mal si le parece. Pero que venga a opinar un irrespetuoso que no sabe nada, que no conoce más que la calle Corrientes me parece una falta de respeto. Porque por más periodista que sea, yo sé más que él en eso, y hasta soy más periodista que él aunque él no se de cuenta, porque lo que él cuenta en una revista yo lo cuento en una canción y lo viví personalmente durante treinta años trabajando de peón. Esas son las cosas que hacen que uno reniegue y no se preste a los reportajes.

- Usted dice que es difícil mantenerse trabajando sin grabar, ¿Usted cómo hizo?

- Creo que por la buena voluntad de la gente, por la buena voluntad de muchas personas que pasan mis discos en la Capital y en el interior, porque por suerte han aparecido las frecuencias moduladas, y en todos lo pueblecitos tienen una o dos estaciones o un canalcito de televisión local, y esa es la gente que por lo general pasa todo tipo de música nacional. Esa gente hace que nosotros podamos trabajar en esta época que es tan difícil. Yo no me quejo porque tengo trabajo, y cuando no hay trabajo lo inventamos, no nos quedamos sentados esperando que llegue el laburo.

- ¿En estos diez años no dejó de componer?

- Por ahí no compongo con la misma intensidad porque sin discos no hay tanto incentivo, no sabés a donde va a ir a parar lo que escribis. Por ahí escribo más otro tipo de cosas, no canciones, historias que rompo y tiro, otras que guardo, o por ahí cosas más sintéticas, aforismos, frases que por ahí dicen tanto como una canción o un libro. Yo no tengo vicios, fumo cada tanto, nada más, y me gusta pescar, entonces me deshago escribiendo. No hay un horario para eso: aparece el duendecito, y si no lo volcás en ese momento a un papel, se te pianta. Por lo general trato de empezar y terminar, porque cuando dejas una obra inconclusa no la podés terminar, el estado de ánimo de dentro de un rato no es el mismo. Yo soy muy sanguíneo para escribir, me meto mucho en la obra, y hasta a veces lloro escribiendo, se me caen las lágrimas sobre el papel... Yo tengo que estar muy enternecido por algo muy dulce que me pasa, o muy cabrero. Trato en lo posible de estar engranado, ahí es cuando mejor me salen las cosas, y a medida que voy escribiendo me voy engranando más, y me voy acordando de barbaridades y las voy escribiendo. Yo no tengo una fabriquita de hacer versos, por eso hay veces que escribo todos los días un tema, y a veces pasan seis meses y no escribo nada, tengo la cabeza en otra cosa.

- ¿De qué hablan las canciones nuevas?

- De lo mismo. Tan es así que es una redundancia, porque yo agarro un tema que escribí hace treinta años y es tan actual como si lo hubiera escrito hace un rato.

- ¿Eso es una ventaja del tema o un problema del país?

- No, es un problema del país, no es que yo sea un visionario ni un profeta. Desgraciadamente pasa lo mismo. Hay temas que hablan de problemas actuales, otros son un poco más reflexivos, hay poemas de amor, hay de todo, como siempre. Yo mezclo temas románticos con temas jodidos. Siempre traté de estar al día con la vida: yo me levanto a la mañana y pongo la radio para ver que pasó durante la noche. No me gusta quedarme en el tiempo. Y lo que yo escribo son cosas que nos suceden a todos, todos los días. Al fín de cuentas, si agarrás el diario, dice lo mismo que yo nada más que yo lo digo en verso y ahí lo dicen en prosa. Mi disco tiene temas románticos, temas jodidos, temas irónicos, pero tengo todo a medio armar. Pienso grabar los primeros días de agosto, pero tengo que terminar de armar los temas, cuál voy a poner y cuál no.

- ¿En su papel de cronista, ¿qué sintió cuando escuchó los nuevos índices de desocupación?

- A mí no me asustó porque ya lo sabía. Yo ando por el país mucho más que Cavallo, no sé si él está enterado de lo que pasa en el interior, porque cuando ellos llegan a un pueblo, los intendentes pintan todos los palos, la escuelita, visten a los chicos de blanco para los actos, reciben muy bien a esta gente y se van todos contentos. Pero cuando voy yo no me pintan los palos de blanco ni nada, y vemos la realidad, la gente viene y me cuenta lo que pasa, lo vemos. Además yo tengo un hijo que labura, que lo rajaron de una fábrica sin darle indemnización y ahora lo toman de nuevo pero contratado, por tres meses, de modo que perdió los 16 años de antiguedad. Eso lo conozco, pasa en todos los pueblos. Y no sé por qué, si por lo que yo canto o qué, pero lo primero que hace la gente es contarme eso... Yo no sé qué vamos a hacer cuando no tengamos nada más que vender. No nos van a dar más préstamos y no vamos a tener que vender más que miseria. Y con la miseria vienen un montón de cosas jodidas que yo no quiero que pasen. No quiero ser un desestabilizador ni nada, pero es así... Antes, cuando Perón estaba prohibido, éramos peronistas; cuando vino Perón con su amigo Lopez Rega, éramos comunistas; después vinieron los muchachos de las botas, y seguimos siendo comunistas, y ahora vino la democracia y como el comunismo se vino abajo, ahora somos desestabilizadores. Siempre el que dice las cosas que siente es algo. Y yo no soy nada, soy un argentino que siente, que ve las cosas. Tengo algunos derechos y algunas obligaciones. Los derechos los uso, y uno de mis derechos es hablar, decir lo que siento, le guste a quien le guste, y el que no habla que se joda; el que siente cosas y no las dice porque no se anima o porque todavía tiene miedo, que se joda. La única forma de mantener una democracia es diciendo lo que se siente, ejerciendo el derecho. Ya que tenemos tantas obligaciones, tenemos también ese derecho. Yo, antes de ser cantor soy ciudadano, y tengo tanto derecho como cualquier otro a hablar. No por eso soy golpista o desestabilizador. Soy un eterno rezongón contra las políticas que hacen mierda al país y a la gente, siempre lo fui y lo seguiré siendo. No creo que tenga que salir a aplaudir a nadie porque hace algo bien porque para eso está, para eso lo votaron.





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© 2012 Don Jose Larralde Derechos Reservados